El exprimidor del camaleón

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Cuando Gerardo Martino llegó a Barcelona, lo hizo tanto avalado por su reconstrucción acelerada de Newell’s y el gusto particular por el toque que este conjunto exhibía como por su brillante etapa al frente de la selección de Paraguay. Nadie que viese un partido de NOB y a continuación uno del combinado guaraní podría llegar a pensar que el técnico de ambos era el mismo. Los dos equipos tenían, sin embargo, algunos rasgos comunes: hacían gala de una presión excelente y de una competitividad sin mesura. Hasta ahí las similitudes, ya que partían de dos ideas completamente opuestas en lo futbolístico.

El Barcelona no sabe muy bien ni dónde está ni dónde quiere ir ni sabe cómo quiere hacerlo. Tito dejó el piloto automático la temporada pasada, pero, por hache o por be, sólo duró media temporada y el equipo se vino abajo poco después de comenzar 2013. Lo que hace un año era una sospecha cada vez adquiría más tintes de realidad: la cima ya no se volverá a alcanzar y sólo queda gestionar de la manera más elegante y efectiva posible el descenso.

En este sentido, la elección de Martino, a pesar de las circunstancias, se antoja ideal a la vista de sus resultados: un técnico que viene sin libreto, con preferencia por el juego de toque, pero sin cerrarse a otros planteamientos en función de la situación. Un camaleón. En el Barça ya no se intuye ni se aprecia la fuerza de piernas ni mental necesaria para dominar a todos los rivales a los que se enfrenta y el Tata tiene constancia de ello. Si el rival quiere a toda costa la pelota, como el Rayo, el Barcelona no tiene problema en dejársela siempre que pueda aprovecharse de ello. Si el Madrid, con el tiempo en contra, se atreve a situar sus lineas en el campo rival, el equipo de Martino se comprime y achica espacios como un acordeón. Si el equipo contrario cede la pelota, el conjunto culé se abre y fluye, más como arroyo que como el torrente que fue, por la otra mitad del terreno de juego.

La ventaja principal de la flexibilidad de Martino es que el Barça vuelve a ser competitivo en el más alto nivel. ¿El problema? Que todo parte de asumir que el equipo ya no puede someter a sus rivales como antaño y que esos tiempos en los que imponía su voluntad y dominio sin esperar la respuesta del adversario ya sólo se verán en pantalla. El Tata, no obstante, pocas más opciones tiene que tratar de exprimir el fútbol que queda en las piernas de este equipo y esperar que la puesta de sol depare una imagen inolvidable. Cuando todo está en silencio, se puede oír aún a la banda tocar en algún lugar del mar.

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