El ecosistema Messi

iniesta

Uno de los hechos más obviados durante la temporada pasada fue la poca influencia de Messi en los grandes partidos. Esta sentencia lo primero que despierta es incredulidad, seguida del inminente recuerdo del Messi lesionado saliendo en cuartos contra el PSG con la eliminatoria perdida. Cojo, encerró al equipo de Ancelotti en su área y de su única arrancada nació el gol que metió al Barça en semifinales de la máxima competición europea. Después de esa apabullante exhibición de poder, resulta una herejía volver a leer la primera frase. Sin embargo, en los pocos partidos importantes que jugó el Barcelona a lo largo del año (los clásicos contra el Madrid y un par de eliminatorias de Champions, gracias a una Liga sumisa), Messi sólo brilló en uno. ¿Estaba mermado? En la funesta eliminatoria contra el Bayern, claramente sí: Tito quiso emular el efecto Messi contra los parisinos con rotundo fracaso y la vuelta, con el pase ya decidido, ni la jugó.

Para encontrar el último gran Messi de la temporada 2012/2013 hay que remontarse a la vuelta de Champions ante el Milan. Realizó los dos primeros goles y estuvo hiperactivo por todo el frente de ataque. Ese último hecho gana el partido, ya que el Barça necesita del más activo Messi para su mejor nivel. No quiere decir eso que el Messi más activo sea el mejor Leo: es tan absolutamente decisivo y determinante que no necesita de ello para destacar, pudiendo marcar de manera rutinaria dos o más goles por encuentro. El gol no es un problema para él. Si el argentino hubiese jugado caminando podría haber marcado igualmente los mismos goles o más, pero quizá el equipo se hubiese despedido en cuartos. No es curioso, por tanto, que el gran partido del Barcelona la temporada anterior fuese el mismo en el que Messi se convirtió en vértice de cada triángulo.

Fijémonos ahora en los clásicos de la temporada 2012/2013:

tabla

Messi siguió siendo la referencia del equipo. El mejor año en números individuales de Messi ha coincidido con el peor del Barça desde el 2008. No es para nada casualidad: la dependencia que tenía el Barça del 10 es total y absoluta. Él siempre ha respondido, pero para los rivales era cada vez más cómodo defenderlo. Prueba de ello es la tabla de arriba, contra el único rival de entidad que tiene el Barcelona en la competición doméstica: 5 goles en 6 partidos y sólo una victoria. Entremos más en detalle: ¿cuál es el origen de esos goles? 3 de los 5 (un 60%) fueron a pelota parada: dos lanzamientos de falta magistrales (en la vuelta de la Supercopa y en la primera vuelta de la Liga) y un penalti en la ida de la Supercopa. En los otros dos, Messi aprovecha un error tremendo de Pepe para fusilar a Casillas (en la primera vuelta de la Liga) y un balón en largo de Alves que Messi cuela en la red del Bernabéu en el 2-1 de Liga. Es un jugador que necesita de muy poco para hacerse notar en el marcador, pero, más allá de lo que cuentan los números, Mourinho y su Madrid supieron anular las conexiones del argentino.

No es posible decir una única razón por la cual esto sucedió, sino que se debe a un cúmulo de problemas, gran parte de ellos atribuibles al Barça de Tito. La responsabilidad no debe recaer toda en el que fuera segundo de Guardiola, ya que en los últimos meses de Pep el bloqueo a Messi ya fue un fenómeno sin resolver. La cuestión, en sí, es simple: para el contrario es mucho más sencillo vigilar a uno que a diez. El fondo, sin embargo, presenta algunas aristas más complejas y que merecen un análisis más pormenorizado. Rayando la superficie, podemos hablar de la deserción de Pedro, la incapacidad manifiesta de Alexis y la decadencia de Villa, factores que todos ellos combinados dejaban a Leo como única respuesta a las defensas rivales. Yendo más allá, habría que señalar a Xavi e Iniesta, desaparecidos, así como a Cesc, nuevamente nulo a partir de enero. La defensa tampoco fue compacta en ningún instante para compensar las carencias de las otras líneas. Esto, sin embargo, ya decimos que es sólo la punta del iceberg.

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