Luis Suárez es el hombre del momento. Bota de Oro con un Liverpool al que casi alza como campeón, verdugo de Inglaterra en un partido al que llegó lesionado y en el centro del huracán por su mordisco a Chiellini (el tercero que realiza desde que se estrenara en este extraño arte con el Ajax). El Barça, necesitado tanto de goles como de hambre, ha visto en él el jugador ideal para cumplimentar a Messi y a Neymar, dos jugadores de perfil similar que, al contrario que Suárez, no gustan de realizar tareas ingratas como la presión que tan bien ejerce el nueve de Uruguay. En AM14 nos preguntamos si el delantero del Liverpool es realmente el hombre que el Barça necesita.

A favor

Partamos de la base de que si el Barça va a invertir más de 60 millones en un solo jugador será por expreso deseo del nuevo entrenador o, en su defecto, con su consentimiento. Es decir, que Luis Enrique habrá visto en Suárez aquello que no puede ver en ningún jugador de los que componen la actual plantilla.

El charrúa es un delantero excelente, no hay duda. Gran rematador, enorme generador de jugadas de ataque y acostumbrado a aglutinar el peso atacante en su equipo, en su selección comparte protagonismo sin ningún problema con la otra estrella uruguaya de reciente eclosión: Cavani. Claro está que Suárez es el príncipe y el jugador del Paris Saint Germain es un lacayo, pero tan solo en un hipotético rol jerárquico, porque a la hora de desplegarse por el verde ambos son dos auténticos perros de presa. Y ahí es donde Suárez muestra aquello de lo que la delantera del Barça ha adolecido desde que se marchara Eto’o: instinto asesino.

No hay atacante en el mercado que tenga esa mirada. Tampoco se vislumbra un delantero que pueda llegar con más apetito y ganas de llenar un palmarés que se le está quedando pequeño a un jugador de su calidad. Ganó los tres títulos domésticos en su periplo por Holanda con el Ajax de Ámsterdam, pero en Inglaterra tan solo se ha podido llevar a la boca una Carling Cup.

Además, Suárez está casado con el gol. Tras su año de adaptación a la liga holandesa con el Groningen –donde anotó 10 goles en liga– saltó al Ajax para marcarse tres grandes temporadas rematadas con 35 goles en la última de ellas, la que le valió una bota de oro y ser considerado el mejor jugador de la Eredivisie por dos años consecutivos, a lo que hay que añadir que fue el máximo asistente de la liga durante tres de sus campañas en Holanda.

Esta temporada, en el Liverpool, también se ha ganado el honor de ser Bota de Oro europeo gracias a sus 31 tantos, cifra completada con el polémico gol al West Ham United en la jornada 15 que, tras rebotar en la espalda de un defensa, fue otorgado como gol en propia puerta en el acta arbitral, aunque pocos días después la Premier League se lo concediera al uruguayo.

Suárez se complementaria perfectamente con los dos grandes referentes de ataque del Barça como son Neymar y Messi, puesto que podría nutrirse de su capacidad para generar acciones de ataque. El argentino y el brasileño, por su parte, también podrían verse beneficiados de la capacidad de recuperación del jugador uruguayo, que se convertiría en el primer defensa de un equipo que lleva años adoleciendo de esta figura.

En contra

Resulta imposible encontrar a un jugador mejor que Suárez para desempeñar la función de nueve en el Barça. Es el futbolista total: tiene un idilio con el gol, goza de una naturaleza móvil y no se le caen los anillos por presionar la primera línea rival. Está pletórico, ha alcanzado la madurez futbolística a sus veintisiete años y, sobre el papel, una delantera con él acompañado de Messi y Neymar parece imbatible.

Sin embargo, el Barça cometería un error si desembolsa una cantidad prohibitiva por el charrúa. Ni la delantera es la línea en la que el equipo está más desprovisto, ni Luís es la respuesta a los males del club. Además, su peculiar estilo puede reportar más problemas que beneficios y no sólo por su carácter.

Acostumbrado a ser el centro de todas las miradas y el omega de las jugadas de sus equipos, surgen dudas de cómo podría integrarse en una delantera donde ya hay dos jugadores que piden la pelota incesantemente. Dudas que no pueden aceptarse en un fichaje que difícilmente baje de los setenta millones de euros.

Por si fuese poco, el ejemplo de Neymar esta temporada, limitado en las bandas y desatado en Brasil, debería hacer reflexionar a los que crean que los grandes jugadores rinden bien en cualquier lugar. Si el Barça quiere a Suárez para que sea Suárez, tendría que emplearlo en el mismo lugar en el cual se ganó el derecho a costar una millonada. Y, en una delantera en la que todos los caminos llevan a Messi, ese planteamiento es una quimera.