El día que nos miraron a la cara

Hasta ese día, no los habíamos tenido en cuenta. Vivían a nuestra sombra, en nuestra misma casa, pero más allá de ser conocidos, no eran saludados ni mucho menos amigos. Se trataba de mantener las formas y de aparentar una supuesta normalidad en la relación, pero unos se sentían superiores, ganadores y miembros de una entidad que alardeaba de ser más que un club; mientras que desde el otro lado se vivía con una mezcla de complejo y de rabia esa superioridad.

Como dice Enric González, uno de los ‘periquitos’ más insignes, “los malos momentos enseñan a paladear los buenos”, pero en su historia los últimos habían sido mínimos y en el instante en el que por fin, el Espanyol podía revertir la situación, una mala tarde de su entrenador en mayo de 1988 echó por tierra la posibilidad de que por un día, por una vez, acabar por fin con todos los complejos.

Se vivían días convulsos en Arístides Maillol, eran los días del ‘Motín del Hesperia’, de tapar desde el club azulgrana los éxitos del Espanyol con el anuncio de fichajes mediáticos, como el de Johan Cruyff como entrenador… A falta de títulos, los seguidores blanquiazules siempre se habían acostumbrado a celebrar como éxitos propios las derrotas del eterno rival, pero tampoco fue posible aquel título europeo en Leverkusen cuando el Barça estaba allí abajo, a punto de ser pisoteado por una vez.

En el fondo, muchos seguidores blanquiazules estaban de acuerdo con aquel mensaje colgado en las gradas del estadio: “No sois el rival, sois el enemigo”; y esa relación se ha vivido así, de padres a hijos, de década en década, para siempre.

Y como suele ocurrir, aunque no estuvieran acostumbrados en ‘can Perico’, el éxito llegó de la manera más inesperada. En una tibia noche de primavera, el 9 de junio de 2007, el Espanyol puso fin a décadas de indiferencia. Llegó el equipo al Camp Nou sin fe, como casi siempre. Hacía 25 años de su última victoria allí y los blanquiazules, instalados en la parte media de la tabla, no se jugaban nada.

El Barça, a poco para acabar la Liga, mantenía sus opciones al título. Se había adelantado el equipo blanquiazul con un tanto de Tamudo (m.30). Antes del descanso, el Barça empató con un tanto marcado con la mano por Messi. Emuló Leola mano de Dios’ de Diego y el único que no lo vio fue el árbitro. Messi, en el minuto 57, culminó el 2-1.

El Real Madrid estaba perdiendo en Zaragoza, la Liga estaba más cerca; y entonces ocurrió. Aquel gol marcado por Tamudo en el minuto 89 fue para siempre ‘El tamudazo’, el mayor éxito de la historia reciente del Espanyol en el Camp Nou. El Barça no ganó la Liga, el Espanyol no ganó el partido, pero siempre se sintió propietario de un parte de aquella Liga que luce en las vitrinas del Santiago Bernabéu.

Desde aquel empate, el Espanyol mira cara a cara al Barça. Aquel gol acabó con la indiferencia; desde aquel día, nada fue igual.

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