El despertar del dragón Messi

Queda mucho por explotar de este nuevo Barça. El abrupto despertar de Anoeta apenas nos ha enseñado la nueva cara del dragón Messi. Su fuego y su ambición renacen con nuevos bríos tras haber dado un último estertor con la Liga 2012-13.

Es este dragón un monstruo al que Luis Enrique ha sacado de la jaula y le ha regalado nuevos e insospechados espacios para sobrevolar, embrujados como estábamos con el fútbol de posesión tanto el Barça por mantenerse fiel al estilo, como los contrarios diseñando tácticas para refutarlo.

Y he aquí que los espacios se han encontrado, pues el balón es infinitamente pequeño en comparación con el campo. Incluso con la portería:

Siempre se hablaba de estirar el campo a lo ancho, pero quizá por convicción de un modelo que dio los mejores frutos, o tal vez por la desesperación de los que nos arrebató, la solución se encontró al estirar el campo a lo largo.

Y ahí es donde el dragón Messi vuela de nuevo, ahora azotando con la cola hacia el extremo opuesto, ahora con un picado incendiario que destroza equipos de la misma forma cruel en que el Barça era aguijoneado.

Qué duda cabe que esto sólo ha sido posible merced al potencial enorme del que dispone el cuerpo técnico. Decíamos anteriormente que en el Barça actual, confluyen jugadores bífidus (que permiten un tránsito intestinal rápido) con otros habituados a una labor de lenta masticación. Esto sólo es posible gracias a que tenemos futbolistas implicados en la rápida recuperación del balón y a otros, como Iniesta o Xavi, aún capaces de resolver una presión del contrario con un giro y conducción que desmoralizan al más pintado. Ocurre que, al mudar los premolares por afilados colmillos, cambiar los hábitos alimenticios era de obligado cumplimiento. Ahí, sin duda, Luis Suárez ofrece posibilidades hasta hace poco inimaginables.

Es cierto que se asumen riesgos al dejar que el dragón deambule sin rumbo predecible. Pero no es menos cierto que a los rivales ya no les sirve de nada la receta de atrincherarse para intentar enjaular de nuevo a Messi, pues ellos también quedan expuestos tarde o temprano a un súbito balón en largo donde el Barça exhibe su brutal pegada.

El ritmo alto con el que vuela el balón conlleva el inevitable deterioro del centrocampismo, que por un lado queda obligado a esfuerzos mayores y por otro abre múltiples opciones de pase, liberando con ello del exceso de responsabilidad en la toma de decisiones. Sin embargo, y aquí viene lo bueno, en ese escenario y con la debida finura, un buen pase es mortal de necesidad, pues el contrario también corre en desbandada sin tener clara la referencia.

En favor de Luis Enrique y Unzué es justo y necesario anotar, además de la nueva dieta que mantiene al dragón siempre hambriento, la valentía de romper con el pasado para moldear un Barça distinto sin renegar totalmente de la herencia. No sólo eso, sino que le ha añadido el toque necesario de estrategia que tanto se echaba en falta en determinados partidos. Además, hay que reseñar el buen trabajo defensivo propiciado por una excelente preparación que ha rescatado al equipo en los momentos importantes.

Nos queda mucho por asumir, tanto a los aficionados culés como a los jugadores, e incluso al propio cuerpo técnico. Por ejemplo, Neymar debe aprender a usar correctamente las pausas y las continuidades.

Habrá que repensar los roles de cada cual, la transformación acorde de la Masía y de su emblemático ‘4’ hacia un papel similar al de un motor híbrido que sepa alternar la conducción suave con el bajo consumo. Y habrá que pensar, qué duda cabe, en el tipo de vela que habrá que ponerle a la ‘Moreneta‘ para que nos bendiga con un nuevo dragón cuando este decida retirarse.

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