Se acabó. Tres años de angustia liquidados poco a poco, casi tres años de desgaste, luchados día a día, en cada mañana que el ánimo te invitaba a darte la vuelta, a esconder la cabeza y a esperar que el sopor y ese frío interior te ayudara a pasar el día, otro más, envuelta en una silenciosa espera. Ya está. No vamos a llorar más, ya no quedan lágrimas. Ya no habrá que preguntarse más en qué fallamos ni volverán a retumbar en nuestras cabezas esos porqués que no tenían respuesta, porque ahora si que la tenemos.

Nadie dijo que iba a ser sencillo. Visto con la perspectiva del tiempo se puede pensar que episodios así te hacen fuertes, pero el dolor sufrido en este tiempo nunca compensará y esos días grises tampoco se borrarán de la cabeza. ¿Qué nos queda entonces? La vuelta, el regreso, que vuelvan a brillar tus ojos, que tu mirada ya no esté perdida y el reencuentro con tu sonrisa, esa sonrisa que nos ha enamorado a todos y que ahora nos vuelve a perseguir.

Ha llegado el momento de mirar hacia atrás y de alzar orgullosa la cabeza. Seguro que no será el más trascendente de tu vida, pero sí el primero en el que te has demostrado capaz para superarlo todo, incluso cuando pensabas que era imposible. Ese es tu éxito, lo conseguiste cuando en verano hacía frío y ese frío nos congelaba el alma, pero ya ha pasado todo. Ahora estamos de vuelta, cada minuto se abre una puerta, una ventana de aire fresco ventila tu cabeza y a cada instante nos encontramos con nuevos caminos, otras ilusiones y retos. Como siempre, todo depende de ti, como cuando te dejaste ir y entre todos volvimos a recuperarte. No te olvides. Aquí estaremos siempre, apoyándote, empujando en silencio o gritando al viento nuestra alegría. Nunca te presiones, disfruta de cada momento y piensa en la manera que podrás recordar lo vivido.

Y es que luchar contra la anorexia es enfrentarte a un enemigo que te envenena la cabeza y que decide y piensa por ti y que te destruye por dentro y por fuera. Solo desde el equilibrio personal y familiar, con la ayuda de un gran terapeuta y mucha paciencia se puede salir adelante, aunque el primer paso, el más importante, es decisivo y todo radica en cuanto tardes en darlo. A ti te costó meses reconocer el problema, porque tu vida era el reflejo de un espejo distorsionado, una imagen modelada a base de mentiras, de clichés que encontrabas cada día en alguna foto de revista, en un tweet o en algún programa de televisión. Ahora ya puedes opinar abiertamente sobre todo ello, no hay peligro, ya has llegado a la última casilla de ese destructivo juego.

Ha llegado el momento de guardar la pizarra de la cocina, desgastada de tanto reseguir los trazos de esa frase con la que nos topamos en una de esas películas de fin de semana en la que nos refugiamos. ¿Recuerdas? El exótico hotel Marigold. Decía el protagonista: “Al final todo sale bien y si no sale bien es que aún no es el final”. Y esa ha sido nuestra vacuna: persistir y creer en que cada día el final estaba más cerca, comprobar cómo volvían las sonrisas y respirar aliviados.

Gracias a todos los que han compartido el secreto con nosotros, seguro que de alguna manera nos habéis ayudado. Gracias a la familia por la paciencia infinita demostrada,en muchos casos sin comprender muy bien lo que ocurría. Gracias a Sonia, a Lucy y a Aina y también a ti si esta historia puede ayudarte a comprender que ese bucle no es infinito y tiene salida. Y gracias a Edward Abbey que presidirá la pizarra de casa en los próximos meses:

Creo solo en lo que se puede tocar, besar o abrazar. El resto es solamente humo”.