El Camp Nou de los niños

Desde que diez días antes del BarçaMadrid la directiva anunciara por sorpresa y sin vuelta atrás que los niños menores de 8 años no podrían entrar al Camp Nou de forma gratuita, el malestar entre los socios no ha hecho más que crecer.

La demagogia empleada por el presidente (“prefiero un titular que diga que Sandro Rosell no deja entrar a los niños a otro que diga que he matado a uno”), por algunos de sus palmeros tertulianos (llamando irresponsables a los padres y abuelos por querer llevar a los críos al fútbol), las explicaciones del portavoz Toni Freixa o las del vicepresidente del área social, Jordi Cardoner -ausente en la reunión de Junta donde se tomó la decisión-, no hicieron más que dejar claro que la iniciativa era, además de impopular, cuanto menos extraña.

Al cabo de unos días, a bombo y platillo, se anunció la decisión final: el club destinaría un cupo de entradas gratuitas para los niños que tuvieran la condición de socios del club o, en su defecto, que fueran hijos o nietos de socios. Además de ese requisito, el niño debería ir acompañado de un adulto que solicitaría y recogería la entrada infantil, bien de forma presencial, bien a través de Internet. De este modo, el club se aseguraba -en principio- cumplir con la normativa que obliga a que cualquier persona que acceda a un recinto público en el que se celebra un espectáculo lo haga provisto de una localidad*.

La casuística producida desde que entrara en vigor la norma “Nens al Camp Nou” es muy variopinta, y aquí mismo explicamos algún ejemplo. Pero, más allá de los inconvenientes que causa la medida en sí, hay varios aspectos que pueden empujar a pensar que hay algo raro en todo este asunto.

Según informó el club, el coste de esta medida tiene un impacto para el club de 1,5 millones de euros, una cifra que asumirán las arcas del Barça, puesto que las localidades que se destinarán a los niños saldrán de las que hay a la venta y del servicio ‘Seient lliure’.

Sin embargo, el pasado sábado pudimos comprobar en primera persona que en la entrada infantil (arriba está la imagen) para el Barça-Granada se indica el número de acceso al recinto del Camp Nou (18), la puerta de acceso al estadio (45) y la boca correspondiente a la zona de la gradería (224), pero no se indica fila ni número de asiento alguno.

Dejando de lado que el abono del adulto que acompañaba al niño correspondía era de una zona del campo (Boca 225, lateral, 2ª gradería) contigua pero separada y distinta a la del niño (224, gol sur, 2ª gradería), ¿cuál es el impacto sobre la economía del club de esta entrada si el niño no ocupa un asiento? ¿Deja de vender el club una butaca para que entre un niño que no tiene asignada ninguna?

Durante el partido, dos de los miembros de am14 que acudimos acompañados por niños al campo ocupábamos asientos contiguos. Nuestros respectivos hijos no tenían butaca, aunque sí entrada. La generosidad de los vecinos de asiento hizo posible que los críos pudieran ver el partido cómodamente sentados pero, ¿y si la zona de gradería en la que estábamos hubiera tenido más público? ¿Qué habría pasado?

La respuesta es muy fácil: los niños habrían visto el Barça-Granada como han hecho toda la vida, sentados en el regazo de sus padres o abuelos. Exactamente igual que hemos hecho muchos socios durante años y como, seguramente, algunos de quienes lean estas líneas también se iniciaron en esto de ir al Camp Nou.

Si se fijan, volvemos exactamente al mismo punto donde estábamos hace dos meses, cuando nadie había puesto en marcha toda esta polémica. Los padres/abuelos entran a los niños de forma gratuita (en un número limitado y en los partidos purrela) y éstos ven el fútbol sentados en sus rodillas. Eso sí, previa recogida de una entrada. Muchas alforjas para tan poco viaje, ¿no?

Pero, por favor, que no hablen de 1,5 millones de euros de impacto cuando, a lo sumo, el coste que representa al club no va más allá de la impresión de las entradas. Con tóner en blanco y negro, claro.

*según la RAE, localidad es «cada una de las plazas o asientos de los locales destinados a espectáculos públicos».

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