El Barça sufre para vencer a la Real

Entre salidas de tono, disculpas, críticas por las salidas de tono y críticas por las disculpas, en la semana previa a la visita de la Real Sociedad se habló de todo menos de fútbol. Y eso que el equipo de Imanol Alguacil es de los que mejor juego está mostrando esta temporada. Ocurrió, pues, lo esperable: que se vio poco de fútbol.

Justo antes del comienzo del encuentro, la grada del Camp Nou volvió a expresar su descontento –por no llamarlo cabreo– con la junta directiva. Si en el partido anterior lo hizo mostrando un considerable número de pañuelos, en esta ocasión mostró menos pero, en cambio, silbó mucho más. En el otro extremo, desde la grada de animación se coreó una y otra vez el nombre de Eder Sarabia, diana de tanto comentario durante los últimos siete días.

Arrancó el Barça discreto, presionado por la Real Sociedad y con un Ter Stegen tan protagonista en la salida del balón como extrañamente impreciso en sus toques. Solo el ímpetu de Martin Braithwaite parecía despertar del sopor al público y, más preocupante aún, al equipo. El danés aprovechó la primera intervención de Messi en el encuentro para poner a prueba a Remiro, el guardameta realista que dio algún susto a sus compañeros cuando tuvo que jugar el cuero con los pies. La conexión entre el argentino y el exdelantero del Leganés volvió cinco minutos después y acabó con un remate cruzado y desviado de Braithwaite.

La sensación que se respiraba en el Camp Nou era de resignación, como si el público se hubiera convencido finalmente de que asiste a los últimos estertores de lo que un día fue un gran equipo de fútbol. Solo una larga combinación que acabó con un disparo desviado de Messi pareció rememorar aquellos viejos tiempos que comenzaron a desvirtuarse sin freno después de la final de Berlín de 2015.

Comenzó el segundo tiempo con el equipo donostiarra más metido en el partido, pero sin llegar a disparar a puerta. Jugaba más y mejor, presionaba constantemente la salida azulgrana, pero parecía faltarle el empuje necesario para adelantarse ante un equipo moribundo. Y así transcurría el partido, abocado al 0-0, cuando un centro de Arturo Vidal fue despejado con una zamorana por Le Normand en una acción que nadie vio excepto el VAR, que avisó a Martínez Munuera para que señalara penalti. Messi no falló y adelantó al Barça que tenía diez minutos para conservar la ventaja ante una Real Sociedad viva e inoperante que se vio sorprendida en el último minuto por una rapidísima contra de Messi y Fati que acabó en gol de Alba, anulado finalmente por fuera de juego de Ansu.

Decía el Predicador en ‘El jinete pálido’ que el espíritu no vale un pimiento sin un poco de ejercicio. Y en los últimos partidos, el Barça ha hecho buena la frase del personaje de Clint Eastwood. Transita por un estrecho sendero con la certeza que en un momento u otro acabará despeñándose por el precipicio. El equipo sobrevive, resistiéndose a expirar, mientras va quemando etapas, futbolistas, entrenadores y quién sabe si también presidentes.

Por el momento sigue respirando y hoy dormirá, de nuevo, líder.

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