El Barça es campeón de Liga, pero…

Se acabó por fin y el Barça es campeón de Liga por segundo año consecutivo. De la mano de un demoledor Luis Suárez y un Messi actuando de director de orquesta, el triunfo en Los Cármenes certifica la hegemonía de un equipo, el de Luis Enrique, instaurado ya en el vecindario del éxito.

En cinco partidos de una eficacia tremenda, el Barça derrumbó las esperanzas de sus rivales y el pesimismo de ese reducto de aficionados propios que, incapaces de aprender nada de los últimos años, veían perdida la liga tras la pájara del mes de abril. No eran pocos los barcelonistas que se sumieron en la depresión de los años oscuros después de que el equipo dejara escapar los 12 puntos de ventaja que había acumulado.

Hoy, toda esa gente se llena la boca de título con la misma velocidad con la que habían dado por muerto a sus jugadores. Acudirán a la rúa por el Paral·lel ataviados con su camiseta blaugrana y saludarán eufóricos a un grupo de futbolistas de los que habían empezado a renegar, pero al mismo tiempo no podrán evitar menospreciar el valor del título si la Champions se viste de blanco el día 28 en Milán.

No han aprendido nada. De poco sirve decir que el Barça ha ganado 6 de las 8 últimas ligas, que se ha hecho con 14 de las últimas 25 o que se ha llevado la mitad de las que se han disputado en este siglo XXI. No basta con esa hegemonía incuestionable que ha venido acompañada, además, con éxitos en Europa y con un modelo de juego y una idea futbolística que es la admiración de buena parte del planeta a excepción, claro, de quienes prefieren meter el autobús atrás y jugar al clementismo, al patapum p’arriba.

Aún existe la figura del barcelonista incapaz de disfrutar de sus éxitos sin mirar acomplejado al eterno rival. Tienen demasiado asumido el victimismo, que se ha convertido en una zona de confort de la que les es imposible escapar porque, entre otras cosas, no quieren hacerlo. Son esos que gritan ‘burru’ al delantero que dispara fuera, los que abandonan el Camp Nou un cuarto de hora antes del final del partido, los que se preocupan por las goteras del estadio en lugar de hacerlo del modo en que se financiará el nuevo y los que reniegan, quizás ahora con más discreción que antes, de la idea que ha permitido al Barça escalar en el palmarés.

La transversalidad del Barça es tan grande que tiene espacio en su seno para gente con esa mentalidad perdedora, gris, mediocre e insana. El Barça es campeón de liga y ese triunfo también les pertenece, aunque en su fuero interno prefieran rezar y poner un cirio a San Ambrosio, patrón de Milán, para que no ocurra lo que temen antes que descorchar el cava para celebrar la 24ª liga del FC Barcelona.

El Barça es campeón de liga. Felicidades a todos. También a esa especie a la que deseamos que encuentre pronto el atajo más directo hacia la extinción.

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