El Barça de la paciencia

El juicio de la acción de responsabilidad social contra los miembros de la junta directiva del Barça en la etapa de Joan Laporta ya tiene fecha. Será el 15 de septiembre, a menos que las estrategias legales de la defensa y las decisiones judiciales que deben tomarse en los próximos días –el famoso litisconsorcio pasivo necesario– den un giro a toda esta historia.

Mientras todo esto ocurre, sigue librándose una enorme batalla propagandística entre quienes piden la convocatoria electoral, los que se aferran a la legitimidad estatutaria para seguir dirigiendo el club y quienes defienden sin grieta alguna cualquier decisión que emane de la directiva actual.

En medio, 17 directivos que arriesgan su patrimonio –en algunos casos, más- por una decisión de la asamblea en la que ni la propia junta de Rosell fue capaz de tomar una postura definida. Se trata de un proceso que afecta a algunas personas que no estaban en el club durante aquellos famosos ocho días y deja fuera, al menos de momento, a otros que sí formaban parte de la directiva. Un lío que parte de una interpretación de las cuentas que, como siempre, varía según quien la haga.

Pese al ensañamiento mediático de algunos contra los demandados, conviene recordar que no se acusa a nadie de meter mano a la caja ni de malversar fondo alguno, aunque escuchando la famosa y sonrojante intervención del auditor de KPMG en aquella asamblea de 2010, en la que habló de perfumes, puros y pollos a l’ast, muchos socios compromisarios pensaran que se tratara de eso. El chocolate del loro.

El proceso judicial arrancó ayer y no sabemos cómo ni cuándo terminará, aunque el juez deba pronunciarse en los próximos sobre el litisconsorcio de marras. Mientras tanto, desde algunas columnas se sigue dando vueltas al asunto Neymar, apuntando a Madrid, al Madrid y a los políticos de la capital, buscando quién hay detrás de Jordi Cases, atacando a Guardiola como si fuera el instigador de todo, loando sin cesar al dimitido presidente y pasando por encima de algunas informaciones procedentes de Brasil que acusan a Rosell de quedarse con la mitad de los 10 primeros millones de euros que el Barça pagó al padre del jugador brasileño.

Cinco millones, una cifra respetable que coincide, según algunas fuentes, con las costas judiciales que tendría que asumir el FC Barcelona si el juez decidiera aceptar el liticonsorcio y el club optara por no ampliar la demanda para, entre otras cosas, no incluir en ella al actual presidente y a varios miembros de su junta.

La paciencia, esa palabra que no acostumbra a utilizarse demasiado en el Barça, es lo único que nos queda. Paciencia para saber cómo concluirá la acción de responsabilidad, para saber ver los grises entre tanto blanco y negro, para soportar el fuego cruzado entre bandos y para ver si Bartomeu sigue firme en el propósito de agotar su mandato, a menos que el referendo sobre el Camp Nou acabe por convertirse en una votación plebiscitaria.

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