El Barça de ACDC

Uno de los reproches que se le está haciendo al Barça –con razón– en los últimos partidos es la falta de intensidad. Aunque la tentación es grande y mucha gente quisiera hablar de falta de actitud, ganas o hambre, por el momento el eufemismo de moda es ese: la intensidad.

La física define el concepto ‘intensidad’ como la cantidad de carga eléctrica (electrones) que pasan por un punto determinado del circuito en una unidad de tiempo. Se mide en amperios (A) y se obtiene, según la Ley de Ohm, dividiendo la tensión aplicada (medida en Voltios, V) por la resistencia del circuito, que se expresa en ohmios (Ω).

Trasladando esa fórmula al césped –que ya es mucho trasladar– veremos que la intensidad del equipo no depende tanto de la resistencia del rival como de la tensión que deben aplicar los jugadores del Barça. Cuanto mayor sea el voltaje, mayor será la intensidad, esa que hoy se echa tanto de menos.

Desde hace ya algún tiempo, los amperios que ofrece el equipo azulgrana fluctúan demasiado. El motor constante, fiable y robusto que durante años movió al Barça con corriente continua (DC) ha desaparecido para dejar paso a otro ingenio eléctrico diferente que funciona con corriente alterna (AC), esa cuya magnitud y dirección varía de forma cíclica y que tuvo su máximo exponente en los partidos frente a Valencia y Real Sociedad.

En los primeros meses de la temporada, la excusa perfecta para justificar los altibajos de rendimiento del equipo –a nivel de juego, que no de resultados– era la planificación física. Todo estaba estudiado (también las rotaciones) para que los jugadores llegaran al 100% a los meses de febrero y marzo, justo los que deciden si el desenlace de la temporada puede ser bueno o si es mejor comenzar a preparar el siguiente ejercicio. Hoy, ese argumento ya no sirve.

El equipo solventó ayer la papeleta no por el voltaje propio, sino por la escasa resistencia del circuito almeriense. El camino debe ser otro, el de la subida de intensidad que haga saltar los fusibles del rival por un aluvión de voltios. De lo contrario, lo que puede acabar apareciendo es la impaciencia en forma de pitos de un Camp Nou que, por ahora, muestra su desacuerdo con el juego de la manera más cruel que existe: el absentismo.

Aún se está a tiempo de revertir la situación y de aplicar la tensión suficiente para sacar la temporada adelante. Pero para soñar con ello, sobre todo en una Liga de Campeones donde los rivales van a mostrar más resistencia que el Almería, es preciso que el Barça pase de AC a DC y que aumente el voltaje. Si la instalación no logra pasar de 125 a 220V sólo puede haber dos causas: o los componentes no pueden o el instalador no sabe. Y, francamente, no sabe uno qué es peor.

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