El Barça confirma su esencia de juguete roto

El Barça es un juguete roto en manos de alguien sin destreza para recomponer sus piezas. En el primer clásico con público desde el inicio de la pandemia, el Real Madrid se llevó los tres puntos (1-2) en una nueva muestra de impotencia del equipo local.

Había saldado el equipo de Koeman los dos partidos anteriores con dos victorias, pero con una enorme diferencia en cuanto a sensaciones: esperanza tras recibir al Valencia y pesadumbre después del encuentro ante el Dinamo de Kiev. Faltaba comprobar cuál de las dos caras del Barça aparecerían sobre el césped del Camp Nou frente al Real Madrid.

Durante la primera media hora, el tiempo que tardó en adelantarse el equipo blanco gracias a un gran gol de David Alaba, el Barça se plantó bien sobre el terreno de juego. Dominaba el juego –sin alardes, eso sí– , controlaba la salida a la contra del Madrid con una presión no constante pero sí efectiva y tuvo en las botas de Sergiño Dest la posibilidad de inaugurar el marcador, aunque el norteamericano mandó el balón a la primera gradería cuando ya se celebraba el gol.

Pero fue el exjugador austríaco del Bayern quien aprovechó que Memphis no le perseguía para sacar el balón de su área, conectar con Vinicius y Rodrigo y batir a Ter Stegen con un disparo cruzado. El tanto desorientó al Barça, que pareció olvidar de repente todas las cosas que hasta entonces había hecho bien. El once de Ancelotti lo tenía claro: equipo encerrado, los extremos brasileños abiertos a las bandas y a confiar en alguna contra.

Koeman movió el banquillo para dar entrada a Coutinho en lugar de Mingueza y el equipo salió efervescente, pero se fue desvaneciendo con la misma rapidez con que forzó un par de inocuas aproximaciones a Courtois. El brasileño se situó por detrás de Ansu y Memphis y generó algunas ocasiones de peligro, pero el paso adelante del Barça se tradujo en salidas a la contra del Real Madrid cada vez más frecuentes y peligrosas. En una de ellas, Ter Stegen salvó el segundo tanto a remate a bocajarro de Benzema. El Madrid, poco a poco, se hacía con el dominio de un partido que se jugaba a lo que planificó su técnico y, sobre todo, a lo que dibujaba en ataque el delantero francés.

Y así, con Agüero y Sergi Roberto en el campo y menos físico que ideas, languideció el clásico más gris de los últimos años desde el punto de vista azulgrana, coronado con un gol de Lucas Vázquez ya en el descuento y, cuando el equipo defendía con dos futbolistas en otra demostración de las carencias tácticas del equipo, con un inservible tanto del Kun.

El Barça tiene mejores jugadores que técnico y un sistema que no crea otro dibujo que el del encefalograma plano. Ocurrió con un gigante como el Bayern en la Champions League y también con un equipo mucho menos brillante como el Real Madrid. Pero es que el Barça de Koeman no tiene el nivel competitivo que se le supone a la plantilla.

Foto: FC Barcelona

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