El adiós de Leo Messi, un fracaso global

La pérdida de Leo Messi es una derrota global para todo lo que orbita alrededor del Barça. Es una derrota para el barcelonismo, que pierde su emblema, su leyenda viva y el único asidero al que se agarraba para permanecer en la élite del fútbol mundial en una época dominada por la oscuridad y la mediocridad en los estamentos directivos del club.

Las ruedas de prensa de Joan Laporta y Leo Messi cayeron como un peso muerto sobre la afición culer. Alejada como está desde hace más de una temporada de la grada, su único punto de encuentro con futbolistas y directivos, las comparecencias de presidente y delantero fueron un bofetón de realidad inesperado, especialmente porque todo parecía indicar que acabaría bien.

Y no. Apareció sobre la mesa una cifra que lo marca todo, por más que ahora se llenen páginas y minutos en los medios buscando culpables, responsables y fantasmas. 487 millones de euros en pérdidas en la última temporada dejan claro que el Barça está en la ruina. No tiene dinero para pagar las nóminas y menos aún para afrontar según qué operaciones. Y eso es responsabilidad única y exclusiva de Josep Maria Bartomeu y su junta directiva, a quienes debería pedirse cuentas sin demora.

Estoy convencido de que Joan Laporta quería la continuidad de Messi tanto o más que el propio 10. Pero cuando quien se juega el dinero es otro, el margen de maniobra se desvanece en favor del pragmatismo y se convierte en un revés a dos manos sobre la cara de un presidente que se ha dado cuenta de que las vacas flacas no desaparecen solo con optimismo, actitud y bravuconería. Por error de cálculo o por presiones, Laporta se ha equivocado. Habrá que ver qué ocurre a partir de ahora.

Lo dijo el domingo con lágrimas en los ojos: Messi quería quedarse en Barcelona. Por eso y a pesar de las cifras que pueda pagarle el PSG, soy de los que piensan que el futbolista también sale derrotado. Se va enfadado y frustrado a un equipo donde tendrá más opciones de luchar por la Liga de Campeones que en el actual Barça, pero también a una liga de segundo nivel donde vivirá con mucha menos presión y sin el ruidoso entorno mediático con el que convivimos aquí.

Pero, para quien firma y por la parte que le toca, si hay un gran derrotado en esta historia, es buena parte del periodismo deportivo. Desde que la pasada semana se destapó que Messi y el Barça no iban a prolongar su relación, el espectáculo ha sido dantesco. Hemos asistido a una larga lista de ejemplos en los que había cualquier cosa menos rigor. Después del avance de Marca, muchos se vieron obligados a ir más allá para ganar unos clics o unos seguidores en cualquier red social. Como ejemplo, el “Messi se va porque no le gusta la plantillapublicado apenas unos minutos más tarde de la primicia del diario madrileño.

La lista de especulaciones publicadas es mucho más larga que las informaciones ciertas. Algunas son meros inventos de los que deberían responder sus creadores; otras, fruto de esa triste realidad que dice que a los periodistas se nos concibe muchas veces como marionetas a las que dejar caer filtraciones interesadas que generen aún más ruido. Un ruido que, lejos de apagarse con la inminente presentación de Leo Messi en París, continuará durante meses para regocijo de palmeros y mamadores de las anteriores juntas, esos que durante años silenciaron el expolio y la mala gestión que ha desembocado no ya en el adiós de Messi, sino en una deuda que supera los 1.000 millones y en unas pérdidas en un solo ejercicio que harían bajar la persiana a cualquier empresa normal.

Messi se ha ido y, con él, gran parte de nuestro universo futbolístico. Casi dos décadas de magia, omnipresencia y regularidad siendo el mejor, un orgullo para los colores blaugrana. Ahora el reto es levantar de la depresión a la afición y volver a una senda que permita al club competir de nuevo en una élite que hoy se antoja lejana. En los próximos años tocará tragar polvo y demostrar que la decisión de separar los caminos ha sido la acertada para evitar, en la medida de lo posible, acabar bajo tierra.

Que nos nos pase nada.

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos