El gran acierto de Zubizarreta

Es más que conocido el problema que en los últimos tiempos ha sufrido el Barça a la hora de comunicar. Así, en general. Casos como el del fichaje de Neymar, el asunto de la grada de animación, la prohibición de entrada a los niños sin entrada o todo lo que rodea al proyecto de remodelación del estadio y su entorno son algunos de los ejemplos en los que primero Rosell y luego Bartomeu –con sus continuos cambios en la dirección de comunicación– han patinado. Ayer, Zubizarreta no lo hizo.

Una entidad con una masa social tan amplia necesita una política de comunicación clara, una forma de hacer donde la palabra transparencia –pronunciada una y mil veces por los directivos, casi tanto como ‘valores’– no se oculte tras la confidencialidad de manera que la segunda prime sobre la primera.

Desde estas mismas páginas se ha criticado en más de una ocasión ese déficit, esa forma chapucera de hacer las cosas causada por quienes pretenden poner en marcha un modo de comunicar sin saber qué es lo que se quiere transmitir. Y precisamente por surgir de ese caldo de cultivo es preciso alabar la puesta en escena de Andoni Zubizarreta ayer ante la prensa.

Criticado seguramente más que nadie, lo cierto es que Zubizarreta se presentó ante los periodistas con el objetivo de explicar qué se había hecho en el club en este periodo veraniego. Convencerán más o menos sus explicaciones, satisfarán a muchos y enfadarán a otros tantos, se entenderán o no sus decisiones… pero el director deportivo habló ayer y no rehusó contestar ninguna pregunta, aunque en más de una saliera por peteneras.

Desde que Josep Guardiola se hizo cargo del primer equipo en julio de 2008, el entrenador instauró una política que –al menos esta– se ha mantenido vigente. Pese a no conceder entrevistas, decidió que las ruedas de prensa durarían mientras hubiera un periodista que quisiera preguntar algo. Nadie iba a quedarse con la palabra en la boca. Y eso mismo es lo que hizo ayer Zubizarreta en un acto, el último antes de irse de vacaciones, que no es nada habitual entre los grandes clubes.

El único pero que puede ponerse al acto de ayer –al margen del contenido de sus respuestas– es que nadie sepa para qué acude el vicepresidente Jordi Mestre. Nadie sabe qué papel juega en las operaciones (ni él mismo, según se desprende de sus palabras) y sus respuestas se limitan a un par de frases cortas por pregunta. Quizás debería ser el propio Mestre quien valorara si vale la pena estar en actos así, aunque tal vez salir en el centro de la foto de cada fichaje presentado le compense.

Zubizarreta se ha ido de vacaciones. Esperemos que lo haga también la perenne improvisación en la dirección de comunicación.

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