Llevaba dos minutos sobre el césped y parecía que Phil Coutinho había jugado siempre allí. Jugadas al primer toque, combinación, acciones al espacio y una sotana. Todos recordaremos que cuando no hacia ni 120 segundos con la camiseta con el 14 que no lució Cruyff como azulgrana, Coutinho se cambió el balón de pie y pasó la bola por entre las piernas de Víctor Sánchez.

En poco más de 26 minutos, Phil Coutinho paseó su elegancia, esa pausa y aceleración que recuerdan a Iniesta, esa clarividencia (perdonen por la comparación) que le da un aire a Leo Messi y sobre todo ese desparpajo de sentirse en el momento y en el lugar adecuados.

Ha armado Ernesto Valverde un equipo compacto en el que todas las piezas encajan con extrema suavidad. Todos conocen su función y ponen sus virtudes al servicio común. Seguramente ante el Espanyol se echó en falta un gol más para que las pulsaciones de los aficionados no se dispararan en los últimos minutos, pero ¿quien no firma acabar siempre las eliminatorias de la misma manera?

A cuatro meses de la conclusión de todo, el Barça va como un tiro. Con un portero soberbio, seguro atrás, creativo en el centro, con Messi en gran forma y Luis Suárez en su mejor versión de cañonero. Con todo eso y con la Liga en el bolsillo, siendo favorito en la Copa, ¿por qué no pensar en un triplete?

La única duda estriba en la ausencia de Coutinho en la Champions, una competición en la que Andrés Iniesta debe dar su mejor versión y permitir que en la Liga, partido a partido, Phil se vaya haciendo con la escena, aunque por lo visto ante el Espanyol, parece que ha sido desde siempre un actor principal en el elenco.