Dos funambulistas en Wimbledon

Ahora que los focos de la rivalidad NadalFederer se van apagando (no se enfrentan desde hace un año), toca echar la vista atrás y quedarse con lo bueno. Algunos de los 34 partidos que han disputado forman parte de la historia del tenis. Por eso cualquier buen aficionado pagaría para que volvieran a emular aquellas contiendas de tantos quilates.

Casi todo el mundo está acuerdo en que aquella final de Wimbledon de 2008 fue el encuentro siempre soñado. En siete partidos a tres sets llegaron hasta la última manga. En cinco combates a cinco sets ocurrió lo mismo. Miami 2005, Roma 2006 o Australia 2009 rozaron lo indescriptible, pero la final sobre la hierba londinense superó los límites de cualquier batalla épica que se precie.

Cuatro horas largas sobre la hierba de Wimbledon

En esas más de cuatro horas de intercambios intensos hubo dos tie-breaks (no hubo tres porque no está contemplada la posibilidad en la quinta manga). Hubo 62 juegos con apenas cinco dobles faltas. Salvaron, entre ambos, 21 de 26 bolas de break. El primer punto del encuentro duró 19 segundos (recuerden, hablamos de hierba). Inolvidable fue la remontada de Rafa en la segunda manga (perdía 4 juegos a 1). Como la de Roger en la muerte súbita de la cuarta (iba 2-5 abajo). Hubo sol, viento, llovió y se hizo de noche. Cometieron apenas 79 errores no forzados. Y la mayoría de puntos ganadores (149) los lograron ejecutar en los momentos más electrizantes. De todos modos, el mallorquín no ganó el título a la primera bola de partido, sino a la cuarta. Incluso antes de alzar los brazos ya era la final de más larga duración disputada sobre el All England Club. Ninguno de los dos simuló ninguna lesión para interrumpir el ritmo del partido. El público estuvo exquisito. Fue un encuentro huérfano de polémicas. Y harto de competitividad y calidad.

Jamás se rindieron. Se rehicieron en innumerables ocasiones. Se buscaron, se atacaron. Subiendo a la red y tirando desde lejos. Fueron dos funambulistas, arriesgando hasta el límite incluso en los puntos de set y de partido. Y, aunque solo uno aguantó en la cuerda sin caerse del todo, no dejaremos de agradecer que hicieran lo imposible por no acabar claudicando. Que fuera uno de esos encuentros en los que nadie merece perder.

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