Donde Diego dice digo…

Maradona

Con el ánimo de aportar un poco más de luz a lo que sucedió en los días previos a la final de Copa de 1983 y a la rebelión que Maradona y Schuster plantearon contra el FC Barcelona, me gustaría añadir unos detalles que creo que ayudarán a entender cómo se llegó a la penosa situación que relata Diego Maradona en un libro y que quedaba perfectamente reflejada en esta misma web hace unos días.

En primer lugar hay que situar la final de Copa entre el Barça y el Madrid, que se jugó el 4 de junio de 1983, y el homenaje a Paul Breitner, que se llevó a cabo el 31 de mayo, no una semana antes. Es un dato importante. Hay que considerar también que el club estaba en su pleno derecho de impedir a los dos mejores futbolistas de la plantilla irse de bolos en la semana de una final de tanta trascendencia y ante un rival como el Madrid. Importa también tener en consideración que Breitner era ex jugador del Madrid y que el club blanco negó la participación de Santillana, mientras que el Barça sufrió una extorsión por parte de Maradona y Schuster hasta límites increíbles.

Y por fin, el meollo de la cuestión. ¿Por qué tanto interés en ese partido? ¿Por qué incluso Schuster quería ir cuando llevaba tiempo sin ni siquiera hablarse con Breitner (de hecho restablecieron relaciones para ese partido) y Maradona ni siquiera lo conocía personalmente?

Los intereses, fundamentalmente de Maradona, eran muchos y muy atractivos para su bolsillo, hasta el punto de arriesgarse a poner en peligro la final de Copa.

  • Punto 1. El homenaje lo organizaba Puma, que era, desde siempre, el patrocinador personal de Diego.
  • Punto 2. Si Maradona jugaba el partido, éste se retransmitía por TV a Japón y países del Golfo Pérsico, con lo que la recaudación se disparaba y el beneficio de todos los implicados también.
  • Punto 3. Toyota, otro de los patrocinadores, quería conseguir una fotografía de Rummenigge, Zico y otros cracks como Maradona y Schuster, para promocionar una nueva versión de un vehículo que estaba a punto de lanzar al mercado europeo.
  • Punto 4. Contando todo lo dicho y otros pagos, los suculentos ingresos ascendían a 5 millones de pesetas para Maradona y otro tanto, aproximado, para Schuster, quien además se llevaba un Toyota.
  • Punto 5. Intentaron engañar al club diciendo que sólo jugarían 15 o 20 minutos, pero luego se supo que el contrato exigía que actuaran al menos una hora.
  • Y Punto 6. Todo esto en la semana de un Barça-Madrid a cara de perro (como fue la final). En otras circunstancias habrían viajado, seguramente, sin el menor problema.

Dicho esto, creo que se entiende el enfado de Maradona y el escándalo que montó. Se jugaba mucha pasta. El Bayern llegó a mandar a Hoeness en persona con una avioneta para recogerlos en El Prat. ¡Ah! Y el escándalo del pasaporte. Era norma común entonces que los pasaportes los tuviera el club, para evitar problemas en los desplazamientos (el típico jugador que se presenta en el aeropuerto y se lo ha dejado en casa).

Creo que con todos estos detalles se entiende mejor la rabieta infantil de Maradona y la dureza que tuvo el Barça de Núñez con sus pretensiones inaceptables. El club llegó incluso a denunciar al Bayern ante la FIFA.

Xavier García Luque es periodista del diario La Vanguardia.

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