Djokovic ganará París, pero nunca será Federer o Nadal

Djokovic jugará por décima vez Roland Garros. Y esta vez, por unanimidad, es el que más méritos y probabilidades tiene de alzar la Copa de Mosqueteros de aquí a dos semanas. Pero, con copa o sin ella, Nole seguirá sin estar a la altura de Federer o de Nadal. Y no precisamente en títulos. Todavía le falta algo, intangible, difícil de describir, que el jugador serbio no tiene en su bolsillo. Y que parece que no tendrá.

No se trata de patriotismo. De zurdos o diestros. De mejor o peor educados. O de voleadores o pasabolas. En plena época sombría de Federer y Nadal, lo lógico sería arrodillarse antes las incontestables y consecutivas cosechas de Djokovic. Pero el serbio se impone sin que uno vibre. Sin que saltes del sofá. Es como ver un partido de fútbol en diferido, sabiendo quién ha ganado. Durante un encuentro de Djokovic puedes levantarte para ir un momento a la cocina porque te invade la sensación de que no vas a perderte un instante memorable.

Y mira que méritos está acumulando. Y muchos. 8 Grands Slams. 24 Masters 1000. 23 partidos seguidos sin perder, desde marzo. Pero la emoción más contagiosa, el carisma más apreciado, la veneración de los más pequeños, que abren sus enormes ojos cuando ven a sus ídolos, no van de la mano de los logros de Djokovic. Por la misma razón que hay jugadores que apenas han ganado un título en su vida y en cambio tienen una legión de seguidores. Porque el tenis tiene algo de mística, de heroicidad, de agridulce y taciturna soledad, de destellos sublimes tan indescifrables como inolvidables. Y que está reservados para unos pocos. Y en esos pocos, de momento, no está el rey actual de la ATP.

Así que, si vence sobre la arcilla más prestigiosa del mundo, chapeau Nole. Si tumba a siete adversarios, Roger o Rafa incluidos, nadie podrá objetar que se lo merecía. Como cuando Federer, por fin, triunfó en París en 2009 tras la derrota de Rafa ante Söderling. Pero lo que muchos todavía no le conceden a Nole es ese aura de jugador irrepetible, guerrillero, perfecto, inconformista, angelical, pasional, lírico o todo a la vez, del que todos hablan al día siguiente tras un mágico triunfo en esas cálidas tardes sin siesta. Sus drives y sus reveses, por mucho que rocen la perfección, todavía no impiden que sean muchos los que cambien de canal.

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos