Disparando a Víctor Valdés

Entre Zubizarreta y Van der Sar, Víctor Valdés eligió un día seguir el camino del holandés. Y lo hizo de frente, de cara. Un año y medio antes de acabar su contrato anunció al Barça que muchas gracias, que había sido, que era, inmensamente feliz en el club pero que su deseo era marcharse, buscar otro lugar, otra Liga, otros retos, otra vida. Y siguen sin perdonárselo. Se sigue pensando que el Camp Nou es el ombligo del mundo y que no hay vida más allá. Del Barça pueden echarte o empujarte, pero ay si eres tu quien decide, en la cúspide, marchar. Ya puedes ser sincero y dar el aviso para que nada quede en el aire porque seguirás siendo un traidor, una mala persona, un desagradecido de la vida.

Mirando al Bernabéu, a lo que viene sucediendo hace meses con Casillas, puede entenderse, sólo puede, la determinación de Valdés. Si al que probablemente es el mejor portero de la historia del Madrid (o entre los mejores) le atizan sin compasión, ¿podía esperar él algo mejor?

Vaya, que del Barça no te puedes ir. Debes esperar a que te echen con la mejor de tus sonrisas, dando por hecho que este club, este entorno, es principio y final de tu vida deportiva. Y muchos de los que eso proclaman, escriben y vociferan, son quienes hoy escriben las maravillas de Rakitic sin haberle visto más de dos ratos en el Sevilla. Porque para ellos el fútbol no existe, sólo existe el Barça. El Camp Nou. Aunque la mayoría de ellos no lo haya pisado en años, no conozca su sala de prensa y no haya visto un partido en directo desde no se sabe cuándo.

Del Valdés personal, cuyo pecado se adivina es no tener amigos fuera del vestuario, se saben pocas cosas y entre ellas se conoce que es un tipo al que le gusta el fútbol, que disfruta de su profesión y a quien le encanta (eso dijo en alguna ocasión, en alguna de esas contadas entrevistas) ver partidos de Inglaterra, de Italia, Alemania o Francia. Y es a partir de ahí que puede explicarse, o entenderse o sospecharse, su decisión. ¿Que buscaría más dinero? Como todos. Pero avisando con un año y medio de antelación su intención de marcharse se comportó de una manera que merecería otro trato por parte de quienes con tanta saña le siguen apuntando.

Ahora resulta que el Mónaco no le va a fichar. O eso dicen. Porque dicen, también, que tenía un precontrato. El mismo del que nunca ha informado el propio Mónaco. Si un día anuncia el Milan, el Arsenal o el Olympique de Marsella de turno que le ha fichado, se aprovechará para volver a desprestigiarle de mala manera, porque eso no pasa de moda. Como en su día pasó con Guardiola. ¿Recordamos todo lo que se dijo/escribió de Pep? Y lo que se repitió cuando acabó en un equipito como el Brescia? Ay como Valdés acabe firmando por un club de segunda fila. Las chanzas serán brutales.

A Valdés se le ha tirado mierda, se le sigue tirando mierda y se le seguirá tirando mierda por los siglos de los siglos simplemente por ese carácter que fuera del campo le convierte en invisible. Se apunta a su familia, a su empresa, a su casa, a su mujer. A todo lo que se pueda para dar a entender que es un pobre hombre que ni tiene principios ni personalidad ni agradecimiento. Al Martino que no fue capaz de enchufar a su equipo ni en la última jornada de Liga se le puede perdonar, al portero que ganó lo que ganó en diez años no. De él pesa más esa despedida a la francesa que todo lo anterior.

Y cuanto peor le vaya, mejor. Como a Guardiola… Como a todos aquellos que un día, por decisión propia, se fueron del Barça antes de que el Barça les echase.

Van der Sar, por cierto, es una leyenda en el Ajax.

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