Disfrutar del camino

Seguramente no es casualidad que la mejor versión de este Barça de Luis Enrique, la que estamos viendo en los últimos meses, venga de la mano de la recuperación de Iniesta, que tanto había sufrido al principio de temporada enfrentándose al campo abierto que propone su entrenador y al que poco a poco ha ido adaptándose; de la mejoría de Sergio Busquets, que ha dado un paso al frente en el césped, y compacta al equipo empujándolo hacia arriba en la presión a la vez que le ilumina en la salida de balón desde abajo; o incluso de los cada vez más habituales minutos de calidad de Xavi, que ha empezado la tournée de despedida por los campos de la Liga con la elegancia y el saber estar que le han caracterizado toda su carrera, intervencionista como pocos en el juego de posición y toque de su equipo.

En este ecosistema el mejor de todos se siente como en casa. Sin aspavientos, con la normalidad como bandera Messi agradece la cotidianidad del Barça a su alrededor, santo y seña del ‘10’ y de los últimos años ganadores del equipo. Normalidad que hace que el argentino pueda expresarse en toda su magnitud, que no es poca. Por aquí o más allá, ahora en el centro ahora en la banda, vistiéndose de asistente de lujo o goleando como le guió Guardiola.

Nunca sabremos que fue antes, si el huevo o la gallina, si los Xavi, Iniesta y Busquets o Messi. Lo cierto es que cuando todos andan por donde solían, cuando todo confluye, los partidos tienen otro sabor. Sabor añejo, porque aunque no haga tanto de aquel Barça imponente, si que han pasado muchas cosas por el camino.

Tampoco sabremos si esta evolución en el juego del equipo es fruto del plan que Luis Enrique tenía al inicio de curso, una actualización necesaria para volver a ser lo que fue, o si el asturiano ha cambiado de rumbo empujado por los quehaceres de sus jugadores. Personalmente siempre me han fascinado los entrenadores que han sabido plasmar su marcado ideario futbolístico allí donde han ido, uno de los máximos exponentes de los cuáles es Marcelo Bielsa, o incluso Paco Jémez, por poner un ejemplo más cercano. Aunque también reconozco que una de las recetas del éxito es saber adaptar esa idea a las peculiaridades de la plantilla que se gestiona.

Tal vez no lo recordemos, pero a su llegada al Real Madrid Ancelotti vivió una situación parecida a la de Luis Enrique, aunque con los papeles cambiados. El italiano llegó prometiendo e intentando aplicar juego de toque y combinación y acabó goleando al Bayern de Guardiola en la Champions que acabaría por llevarse abogando por un fútbol más rápido y con menos toques que se aplicaba mejor a sus futbolistas. Hoy nadie duda, pese al bache que ha pasado su conjunto en los últimos meses, que este Madrid es un equipo que combina y hace fútbol (más en tres cuartos de campo que sacando la pelota jugada desde la defensa). El míster blanco ha sabido adaptarse a los jugadores de que dispone, pero también ha implantado poco a poco su sello personal.

Igual Luis Enrique está viviendo una situación parecida. Pasa que en el Barça todo es un poco más complicado. Al aficionado barcelonista le gusta y se ha acostumbrado a disfrutar del camino. El fin no justifica los medios, al menos para una gran mayoría de la masa culé que ha probado las mieles del éxito absoluto: ganarlo todo jugando a las mil maravillas. Luis Enrique en cambio ha bebido de un Barça más terrenal y ‘peleón’, de un Barcelona más resultadista que preciosista, el que le tocó como jugador (1996-2004). Un Barça que podía estar cinco temporadas sin ganar un título (de la 99-00 a la 03-04), o que festejaba como nadie una Recopa (1996/97), una Supercopa de España (1996), una de Europa (1997) o dos Copas del Rey (1996/97 y 97/98), mientras ganar la Liga (dos en ocho años) no era tan habitual como ahora (seis en las últimas 10 temporadas).

El tiempo dirá cómo acaba esta evolución del FC Barcelona de la mano del técnico asturiano, y si ésta ha sido planeada en los términos que estamos viendo o es fruto de las circunstáncias. En can Barça no es costumbre ganar sin merecerlo mucho. A final de campaña la balanza de títulos y juego dictará sentencia.

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