Deulofeu: Lo que la verdad esconde

Gerard Deulofeu, la joya de la corona, no le sirve al guardián del castillo. Volvió al Barça poco menos que por aclamación popular y en apenas un mes tuvo que volver a hacer las maletas, despreciado por, cuidado, el mismo entrenador que le dio la alternativa antes de cumplir los 17 años en el Barça B. Luis Enrique no se calló lo que no podía callarse y tomó en primera persona la decisión. Y el tipo llamado a ser el sucesor mediático de Messi en lo que a cantera se refiere deberá ganarse el regreso otra vez.

Da la sensación, desde el desconocimiento, que a Deulofeu le han perdido tanto las formas como el fondo. Extrovertido y descarado, hay quien desliza que su poca predisposición al trabajo, al esfuerzo colectivo, le ha condenado. «Me sorprendió la decisión de Luis Enrique, pero quiero disfrutar de este año. Me ha sorprendido un poco mi salida. Estaba en el Everton y me dijeron que volviese, pero el entrenador no ha contado conmigo», proclamó ya desde Sevilla el catalán, en una presentación en la que su cara inevitablemente mostró cierta decepción.

La verdad, toda la verdad, nadie la sabe más allá de las paredes del despacho de Luis Enrique. Le lanzó dos avisos públicos y en el entorno, desde el anonimato, se le reprocha al técnico que este golpe de autoridad lo haya tenido con un chaval de 20 años mientras en el vestuario hay pesos pesados que, probablemente, merecerían ser señalados tanto o más que él. ¿Deulofeu no defiende? Será verdad. ¿Deulofeu no tiene disciplina? Probablemente. ¿Deulofeu no se esfuerza? Quizá… Pero recordando episodios del pasado no es una quimera aventurar que, a lo mejor, reeducarlo en casa no habría sido una mala solución.

A la vez, sin embargo, no es descabellado pensar que Deulo, en Barcelona, sería una bomba de relojería. Apartado del plano, su nombre podría ser un misil a la línea de flotación de Luis Enrique a la que las cosas se torcieran. Empezar a escuchar en el graderío como se corea su nombre, con él sentado en el banquillo o la grada, no sería una situación nada cómoda para el entrenador, ni para el equipo. Ocurrió en el pasado y del pasado se aprende.

Pasa que mientras su cesión al Everton el año pasado se contempló desde el punto de vista de un aprendizaje tanto en el plano personal como en el profesional, su salida, ahora, al Sevilla, se observa como una solución tan precipitada como dudosa en el plano deportivo. Para bien o para mal, el fútbol del Sevilla no se parece en nada al del Barcelona y todo lo que pueda mejorar personalmente Deulofeu quizá no le sirva en un aspecto futbolístico.

«Lo tiene todo. Es un futbolista mayúsculo, un crack en potencia que no desmerecería a casi ninguna estrella mundial… Pero es dificilísimo que llegue a triunfar en el Barça», aventuró alguien (seguimos con el anonimato) que siguió muy de cerca tanto su progresión como la de la cantera azulgrana. Queda un poso de tristeza al ver su presentación en el Sánchez Pizjuán. La sensación de un fracaso con mayúsculas: suyo y de quienes debieron encauzarle. Y queda, por delante, un año que se entiende decisivo. Ya no es un crío y entra en la hora de la verdad.

¿Por qué no está Deulofeu en el Barça? La respuesta solamente la tiene Luis Enrique y es más compleja de lo que explicó para argumentar su decisión. La verdad se esconde en los silencios.

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