Deulofeu, Durant, el talento y el trabajo

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Año 2007, finales de junio, Nueva York. Como cada año, grandes ejecutivos se mezclaban con chavales que a duras penas habían vivido veinte años, de los cuales llevaban viviendo la mitad soñando con esa noche de verano. 32 franquicias estaban dispuestas a garantizar una oportunidad a esos jóvenes para estar a la altura de sus sueños. Entre ellas, la ya desaparecida franquicia de los SuperSonics de Seattle, que ostentaba la elección número dos en un sorteo en el que la duda estaba en si iban a ser ellos o los Trail Blazers de Portland los que seleccionarían bien a Greg Oden o a Kevin Durant, las dos grandes promesas del baloncesto universitario.

Siete años después, Seattle es historia y la historia es conocida por todos. Greg Oden fue número uno, aspiraba a ser el pívot más dominante de la Liga y, hasta ahora, ha dado más pasos en la enfermería que en la cancha. Kevin Durant, segunda elección, es un perenne candidato a MVP en un perenne aspirante al título. Un talento descomunal con un mantra que le inculcó su mentor, Taras Brown: «Hard work beats talent when talent fails to work hard«, algo que podríamos traducir como que el trabajo duro vence al talento cuando el talento no logra trabajar duro. La estrella de los Thunder tuvo que copiar una y otra vez esa frase hasta que se la aprendió de memoria. Detrás de esos lanzamientos que entran limpios desde cualquier punto de la cancha se encuentran horas y más horas de entrenamiento.

Quizá alguien debería hacer lo mismo con Gerard Deulofeu. Ponerlo delante de una pizarra y convencerlo de que, sin trabajar, de nada sirve su formidable talento. Porque Gerard sabe, como sabemos los que lo hemos visto jugar, que en sus pies se halla la caja de Pandora para cualquier defensa. Es consciente de ese talento descomunal con el que cuenta, una habilidad que lo podría hacer grande entre los pequeños. Está acostumbrado desde hace años a estar técnicamente a años luz de sus compañeros.

Pero ya no está en el Barça B, ni en el juvenil o el cadete. Si quiere ser titular en el Barça tiene que correr. Ni a Messi, que es Messi, que con la edad de Deulofeu ya estaba en el podio del Balón de Oro, se le pasa por alto que camine tras una pérdida. El chico de oro de la cantera ya no es el jugador técnicamente más dotado de su equipo, ya no se abrirá camino entre las defensas con los trucos que le funcionaban en las categorías inferiores. Por delante tiene a algunos de los futbolistas con más talento del planeta y que han demostrado bastante más que él en unos niveles en los que el jugador de Riudarenas aún ni ha debutado.

La cesión al Sevilla es un jarro de agua fría tanto para él como para los aficionados, como es de suponer que para Luis Enrique, el técnico que lo vio desbordar en el filial. Aún a sabiendas de que nos falta información para juzgar los motivos de su salida, no todo está perdido: Deulofeu es un talento único, tiene potencial de sobras para llegar a lo más alto. Para ello, debe ponerse a trabajar, a trabajar de verdad, y a no dar por supuesto que su despampanante calidad va a conseguirle un puesto por sí sola. Si Gerard quiere ser un grande entre los grandes, más vale que haga suya la frase tanto repitió Taras Brown a Kevin Durant.

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