Cuando el cuerpo vibra

Pues gracias a la que fue mi mujer durante un largo y bonito tiempo, y con quien comparto felizmente la educación de Martina, una preciosa niña de ocho años, pude conocer a un equipo de futbol juvenil que milita en el grupo tercero de la primera división catalana. Resulta que una compañera de trabajo de Saida le preguntó si conocía a algún psicólogo que pudiera echarle una mano con los chicos que entrenaba. Ella pensó en mí y le dio mi teléfono. Tres días más tarde recibí la llamada de un joven entrenador con nivel III de 24 años llamado Jan, interesado en aplicar la Ciencia de la Psicología en el deporte que les mueve, el futbol. Demanda clara. Si hay demanda hay posibilidad de trabajo.

Escuchando la voz de este joven sentí que las palabras salían del corazón, sin dudarlo le dije que si, pues las palabras que salen del corazón suelen tener cierta magia inexplicable incluso para una ciencia como la psicología, aunque como buen profesional en prácticas he de atender a una metodología, así que me dejo impregnar por la fenomenología, cuya intención se basa en describir el sentido que el mundo tiene para las personas (Edmund Husserl, 1900-1901).

El sábado por la tarde me dirijo a un campo que desconocía, frente al Hospital que curiosamente me vio nacer, Vall d’Hebrón. Al llegar, mi sorpresa fue cuando me encuentro a un grupo de jóvenes de entre 16 y 18 años cambiándose en un vestuario donde se preparaba un video para motivarse antes del partido y un bombo apoyado en la pared. Me presenté diciendo que por lo que observaba, mi presencia no parecía ser necesaria y los jóvenes escucharon atentos. Me sentí bien, como uno más, cosa que me conectó con una sensación agradable. Visualicé el video con ellos y después no pude evitar el participar realizando un ejercicio de cohesión grupal. Al hacerlo pude ver rápidamente que esos jóvenes me estaban empezando a hacer vibrar. Me mantuve cauto, respiré y me dije “no te dejes llevar por la emoción del deporte que tanto tiempo te acompañó”, entonces me dirigí a sentarme en un banco, al lado del banquillo y a disfrutar del partido.

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Disfrutar es una palabra adecuada, pues conforme pasaban los minutos podía observar que el equipo juvenil de la Peña Barcelonista Sant Genís-Penitents, compuesto por talentosos jugadores procedentes de diferentes países, se avanzaba en el marcador, gracias a Thommy, en unos primeros minutos de juego alegre, incisivo y prometedor. A los pocos minutos, el Sant Andreu fue encontrándose mejor sobre el campo y en el minuto 24 consiguió el empate, gol que le dio alas para marcar un segundo en el 43.

El Sant Genís estaba tocado y fue entonces cuando me pregunté: ¿que mentalidad tendrían estos chicos? ¿Cómo les afectaría dicha situación? ¿Serán capaces de levantar el partido que parecía ponerse difícil? También me pregunté por el entrenador, ¿cómo encajaría la situación? Por unos instantes pude ver caras derrotadas y escuchar quejas.

En el descanso del partido me mantuve atento a lo que sucedía en el vestuario y tuve una sensación extraña, los chicos estaban tranquilos y confiados, actitud que me pareció esperanzadora para afrontar la segunda parte accediendo a los valores del esfuerzo, la valentía, la adaptación, la determinación, el trabajo en equipo y el entusiasmo. Para mí, eso era suficiente, la actitud.

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He de añadir, antes de relatar el desenlace de la segunda parte, que este equipo juega con la ventaja de estar alentado por su público desde el minuto cero. Bombo en mano y gritos de ánimo dan calor a sus jugadores apasionadamente. Ellos serán también protagonistas en la segunda parte.

Así que comienza el segundo tiempo y en el minuto 59, Airam marcó un gol de falta que hizo que las pulsaciones se aceleraran pues a la celebración del empate acudieron prácticamente todos los integrantes tras la potería, donde había al menos 50 personas animando al equipo. Fue un momento de pasión. Enseguida noté cómo mi cuerpo vibraba con esos chicos, y cuando esto pasa… cuando tu cuerpo vibra no creo que haya señal más clarividente para entender que aquello gusta mucho. Fue el momento en el que surge el impulso de participar con el grupo en la medida de mis posibilidades.

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Es lo que uno siente donde se pueden encontrar respuestas certeras en su mayoría, razones para poder decidir qué hacer, movido por la vibración del cuerpo. Una respuesta que se traduce de forma natural en un movimiento.

El partido acabó en empate a 3. Airam volvió a adelantar al conjunto local con un gran control y batiendo al meta del Sant Andreu en su salida, haciendo el delirio de los aficionados y asistentes, aunque el Sant Andreu empató el encuentro con un gol de esos que nadie espera pero que también cuentan. Partido disputado, atractivo y emocionante.

Como dice Francisco Sánchez Gavete (2009), es imposible físicamente dar dos pasos al mismo tiempo, hasta que no se da un primer paso no es posible determinar o establecer definitivamente cual será el segundo. La experiencia nos puede orientar en la previsión de cuál será el segundo paso más probable, pero también la experiencia puede despistarnos y desorientarnos. En los últimos años en el deporte rey en nuestro país la frase “vamos partido a partido” se escucha como si fuera un mantra que entrenadores y jugadores repiten con la intención clara de no desviarse del objetivo. Parece que ellos también echan mano de la Psicología.

Valores – “La pasión mueve montañas”.

Fotos: Sergio Carrascal

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