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Pues finalmente, tal como estaba previsto, organizado y planificado, Cristiano Ronaldo se ha llevado el Balón de Oro, título que será celebrado por todo el madridismo como si de la mismísima ‘Décima’ se tratase, en otra demostración más de que el que fuera denominado mejor equipo del siglo XX es actualmente un equipo de mentalidad perdedora.

Existen pocos argumentos objetivos para poder defender que Cristiano Ronaldo haya sido galardonado precisamente este año con el Balón de Oro. Un año en el que el equipo que lidera quedó a quince puntos del campeón de Liga, donde fue eliminado -y humillado en la ida- en semifinales de Champions League y en el que perdió la final de Copa ante el eterno rival ciudadano en un partido en el que, además, acabó expulsado. A nivel de selección no le fue mucho mejor; fue incapaz de clasificar directamente a Portugal para el Mundial, necesitando una una repesca que, curiosamente, se ha convertido en su trampolín hacia el Balón de Oro.

Los datos expuestos en el párrafo anterior son objetivos y se ciñen a los títulos en todo el 2013. Tener al mejor jugador de Europa en el club con mayor presupuesto de Europa y no ganar ningún título parece, a priori y como mínimo, extraño. Y más cuando ello no es circunstancial, ya que en los últimos cuatro años sólo ha sido capaz de conseguir una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Demasiado poco bagaje para venir reclamando desde hace ya tantos años el Balón de Oro para Cristiano Ronaldo.

Alguno podría argumentar que el Balón de Oro es un título individual y no colectivo -y es es cierto- y que no hay unas normas definidas, sino que cada uno vota en función de sus propios criterios. Cristiano Ronaldo está entre los dos mejores jugadores del mundo, por detrás del reconocido por todos como el mejor: Leo Messi. Esta es una opinión subjetiva de quien escribe, de acuerdo, de manera que cualquier opinión al respecto es válida. Pero si además de criterios individuales tenemos en cuenta también los colectivos, este año Franck Ribéry era más favorito que ninguno de los dos anteriores.

Pero lo que no es válido es cambiar las normas del juego -previamente y con premeditación- en mitad del partido, como sucedió cuando se decidió ampliar el plazo de votaciones de manera sorprendente y justo en el momento más álgido de Cristiano Ronaldo, en plena repesca mundialista ante Suecia. Aquello sólo hizo que acrecentar y justificar todas las dudas que este año ha generado el Balón de Oro, haciendo brotar entre el público la sospecha sobre si el proceso de votación ha sido todo lo legítimo que debería haber sido y dando argumentos a quienes creen que este año ha habido una campaña dirigida desde el Real Madrid para que su estrella, por fin, consiguiera este título.

Sea como fuere, el Real Madrid, Florentino Pérez y Cristiano Ronaldo ya tienen el título que tanto anhelaban, el Balón de Oro, que en su caso se ha convertido en Balón de Lloro; el lloro continuo de todos estos años cada vez que Leo Messi levantaba cada uno de sus cuatro balones de oro -siempre acompañados de títulos colectivos-, el lloro continuo al no asistir a las galas de entrega de los diferentes premios, el lloro continuo por prácticamente no celebrar títulos en estos cuatro años…

Un Balón de Lloro que no puede ocultar la cruda realidad. Cuatro de las últimas cinco Ligas y tres de las últimas ocho Ligas de Campeones, son culés, mientras en el Madrid pocos títulos se han podido celebrar en todo este período. Ahora toca estos días vender este Balón de Lloro como el Balón de Oro de todos los tiempos, como ocurriera con su escasa Liga y Copa en estos últimos cinco años.

Para el Barça, los Balones de Oro de Messi han sido -entre otros aspectos- el reconocimiento a todos los títulos conseguidos por el club. Para el Real Madrid, este Balón de Oro es el Título.

Yo prefiero lo primero. Y ellos también, aunque ahora disimulen…