Corredor: los cajones no se crearon para putearte a ti, son para que tú no molestes a los demás

Esta es una cuestión que me llevaba mucho tiempo rondando la cabeza, pero lo vivido este domingo en la 92 edición de la Jean Bouin ha superado los límites de mi paciencia.

El running se ha puesto muy de moda. Mucho. Esto conlleva que las carreras populares proliferen cada vez más y también el número de corredores que participan en ellas.

La Jean Bouin es la carrera más antigua de España. Este domingo celebraba su 92 edición. Pese a disminuir en número de corredores que finalizan la misma –7.263 en 2015 vs 9.578 en 2014, según el veterano corredor popular, Miquel Pucurull–, la carrera sigue siendo masiva en sus últimas ediciones.

Desde hace tiempo es necesario controlar a tanta gente y para ello se definieron una serie de cajones por colores, para ordenar la salida, a los cuales se accede según la marca que se tenga acreditada. Sencillo, ¿no? Pues parece que no lo es.

No vivimos en Japón, un país donde las colas se hacen de manera innata. Seguramente es una información que se transmite en el ADN. Como aquí se transmite el mirar como trabaja uno dándole instrucciones sin advertirle que se le ve la raja del culo cuando se agacha.

Aquí lo de las colas lo llevamos fatal. Ya sea en una cosa tan sencilla como comprando el pan, ya sea en la oficina de correos donde hay una máquina que te da un número para que sepas quien coño va delante tuyo. Pues ni así, cuando se llama al número 375 –siempre son números altos–, aparecen tres personas que dicen que lo tienen. O aparece el típico que va a preguntar, “será un segundo”, ¡será de su reloj porque en el mío no baja de 180 segundos! Llevamos ritmos diferentes, no hay duda.

Y ahí es donde quería llegar. A que llevamos ritmos diferentes. ¡Señora! llevamos ritmos diferentes. Por eso tú llevas dorsal verde –en el caso de la Jean Bouin– y yo llevo azul.

Bien, primero voy a hablar de los cajones de esta edición de la Jean Bouin que se ordenaban de la siguiente manera:

Rojo: menos 38′ (hombres) · menos 41′ (mujeres)
Amarillo: 38′-42′ (hombres) · 41′-45′ (mujeres)
Azul: 43′-48′ (hombres) · 46′-50′ (mujeres)
Verde: más 48′ (hombres) · más 50′ (mujeres)

En mi humilde opinión, ahí falta una división. Meter a todos los corredores con más de 48’, en caso de los hombres, y 50’, en el de las mujeres, en el mismo cajón, es una barbaridad. En ese cajón va el 75% de los corredores, seguramente. Y claro, esto no es Japón y aquí lo de guardar tu turno como que nos lo pasamos por el forro de los cojones, en el caso de los hombres, y por el coño, en el caso de las mujeres. En Italia se lo pasan por el cazzo y la figa. Perdónenme el tono, pero es así.

Ayer los cajones eran un desfile de banderas multicolor que ni el día del orgullo gay. Y claro, en cuanto consigues cruzar la salida andando –literalmente, andando–, te pasas tres kilómetros, tres, metido en una carrera de obstáculos. En la Buff Epic Run, mismamente.

No todos tenemos el mismo ritmo. Eso está claro. Yo tengo dos marcas de 47’ en 2015. Mi mejor 10.000 es de 46’56”, conseguido este mismo año. Estaría pues en la parte del final del cajón azul. Mi ritmo no será el mismo del que tiene una marca de 43’. Por eso yo me situé en la parte del final de mi cajón. No se me ocurriría salir en el cajón amarillo para pasarme toda la carrera viendo gente adelantarme. Y llevándome algún que otro codazo o tropezón. No me gusta. Debo tener algún cromosoma japonés.

Ayer debí adelantar a cientos de corredores con dorsal verde. Seguramente alguno salido del cajón rojo, porque se hizo los 10 kilómetros andando. Tal cual. También me adelantaron dorsales verde. Porque hay corredores rápidos que no tienen marca acreditada. Pero tiene que haber alguna manera de regular esto y se ha decidido que es por cajones de colores según marca acreditada. Para correr en el cajón que corresponda a tu velocidad tienes que acreditar una marca. No hay otra manera. Son las reglas. Si eres veloz, no te preocupes, en la siguiente carrera tendrás un cajón acorde a tu velocidad. Pero esto hay que ordenarlo. Que somos muchos. Ayer más de 8.000. O como mínimo ser consciente de que si vas a correr a ritmo de 6min/km no debes ponerte con quién va a correr a 4min/km. Le vas a molestar. Es puro sentido común.

Así que, corredor, los cajones no se crearon para putearte a ti, son para que tú no molestes a los demás. Molestas, de verdad. Si sales en un cajón que no es tu ritmo el que va más rápido te tiene que sortear. Si encima vas andando y charlando con tu colega ocupas mucho más espacio. La gente paga para disputar una carrera ordenada. Todos los que participamos vamos a disfrutar. No vamos a putearte a ti metiéndote en la cola de la carrera si vas a tardar hora y media en acabarla o te la vas a pasar charlando con tus amigos. Lo más lógico es que yo que voy a terminarla en tres cuartos de hora salga antes y el que va a terminarla en media hora, salga delante mío. Simplemente porque es más rápido. Son unas normas básicas de sentido común. Básicamente para no atropellarnos. Para que no tropecemos y nos caigamos los dos. Para que nadie tenga que pedir permiso para pasar por en medio de vuestra conversación. Totalmente lícita, si lo hicieras saliendo cuando te toca. Con el resto de corredores que van a hacerla a tu ritmo.

Perdón por el tocho, pero tenía que soltarlo. Y otro día hablaré de los recortadores. Otra especie que no se ha dado cuenta que se han extinguido los dinosaurios. Expertos en cruzar siete carriles para subirse por la acera y llevarse por delante a otros tantos corredores. Ayer las costillas de un amigo mío fueron testimonio de un cruce de estos sin señalizar con el intermitente. ¡Niño, que no hay premio al que más recorta!

Foto: Mundo deportivo

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