Copa del Rey: la fiesta del aficionado

La final de la Copa del Rey se disputará finalmente el 16 de abril en Mestalla. Un miércoles. Miércoles santo, para más señas. Tras la decisión anunciada ayer, uno no puede sino pensar que la Copa 2013-14 se ha diseñado para todos menos para el aficionado barcelonista.

Gracias a que Atresmedia (Antena 3) se hizo con los derechos televisivos de los partidos del Barça en la competición, los seguidores culés han tenido la ‘fortuna’ de ver cómo su equipo disputaba todos y cada uno de sus partidos como local a las diez de la noche. Cartagena, Getafe, Levante y Real Sociedad acudieron a un Camp Nou frío y semidesierto para enfrentarse al once de Gerardo Martino.

Una vez alcanzada la final, lo más razonable era que Real Madrid y FC Barcelona se pusieran de acuerdo para elegir una fecha más amable con los aficionados de ambos equipos. En un principio, el día elegido para la disputa de la final era el sábado 19 de abril, aunque ya se había hablado de adelantarla al viernes 18 ante la proximidad de las semifinales de la Liga de Campeones, que se disputan la siguiente semana. Sin embargo, la elección final demuestra que, al menos para quien manda en el Barça, el seguidor es lo que menos importa.

Javier Bordas, directivo del FC Barcelona, afirmó al finalizar la reunión en la que se decidió trasladar la final al día 16 que “los dos clubes preferíamos el miércoles para tener más tiempo para descansar en el caso de llegar a las semifinales de la Liga de Campeones“. El argumento parece razonable, sin duda, pero olvida Bordas un pequeño detalle: el jueves 17 (Jueves Santo) no es festivo en Catalunya y sí lo es en Madrid.

¿Qué significa esto? Seguramente, la decisión no afecte en nada al desplazamiento masivo de aficionados barcelonistas a Valencia, pues la afición culé es más dada a movilizarse cuando hay una final que a acudir al Camp Nou durante la temporada regular. Sin ninguna duda, la zona barcelonista de Mestalla estará a reventar.

Y lo estará porque, más allá de quienes puedan tomarse vacaciones durante la semana, más de cien y más de mil fans del Barça viajarán a Valencia cuando acaben de trabajar el miércoles, verán el partido y con suerte y si no hay prórroga, sobre la medianoche estarán de nuevo en la autopista de regreso a casa para, en el mejor de los casos, dormir tres o cuatro horas antes de volver al tajo el jueves.

Entre tanta denuncia de campañas contra el club, acoso mediático y demás historias que se nos venden, no estaría de más que alguien, por una vez, pensara en el aficionado. Está muy bien querer que los jugadores tenga un día más de descanso antes de unas semifinales de Champions League, pero la directiva debería ponerse en la piel del socio y dejar de jugar a Minority Report: a las semis no se sabe si llegará el equipo (ojalá), pero a la final sí se desplazarán miles de barcelonistas.

La junta directiva tenía ayer la ocasión de defender a quienes les votaron y, en lugar de eso, prefiere mirar para otro lado. Y no, aquí la culpa no es de Madrid, del Madrid, de un juez madridista, de un diario madrileño (a los de Barcelona poco le importan cosas como estas) o de un socio que quiere saber sobre su club. Aquí la única responsable es una directiva que piensa en cualquier cosa antes que en el bien del aficionado.

Mestalla, pese a todo, se llenará de barcelonistas. Seguro. Lo comprobaremos en unos días, en cuanto se ponga en marcha el proceso de venta de entradas.

Eso sí, si no quiere esperar, ya puede comprar sus tickets en Viagogo. Y si entiende cómo es posible que ya sea posible hacerlo, cuéntenoslo, por favor.

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