La buena noticia para el Barça es la vuelta de Leo Messi. El argentino ha dejado de lado las dudas del pasado y está a un gran nivel. La mala es que con un Messi superlativo ya no le basta a los azulgrana. Él y Neymar fueron los únicos que ofrecieron un buen nivel ante el Paris Saint Germain, los que se salvaron en un partido que ha despertado viejos fantasmas y que ha creado otros, desde la portería hasta la creación, pasando por una defensa que firmó una de las peores actuaciones que se le recuerda, especialmente por parte de los dos laterales (Alves y Alba).

En el primer partido ante un rival cualificado, el Barça se quedó desnudo. El equipo que no había encajado un gol en toda la temporada, cedió tres frente a un rival que no contaba con su mejor goleador: Zlatan Ibrahimovic.

En la portería, Ter Stegen regresó a la titularidad, en una decisión difícil de comprender. ¿Tiene que producirse una rotación en esta posición? ¿En una portería tan comprometida no es preciso darle continuidad a un solo meta? ¿No es mejor definir los roles de titular y suplente? Ter Stegen sólo cometió un error, a medias con Rakitic, y seguramente seguirá jugando en Europa, pero sería preciso analizar si en un equipo como el Barça se tienen que producir rotaciones en la portería.

Los dos laterales, Alves y Alba, fueron de lo más desastroso del partido. Si normalmente tiene problemas en el juego posicional, ante el PSG Alves batió todos los récords. Forzó situaciones, siempre eligió mal y se libró de la expulsión después de una entrada en la segunda parte. Si Alves estuvo mal, Alba estuvo desconocido. Nunca pudo con Lucas Moura, su banda fue una autopista, erró en los pases y solo en una ocasión -a poco del final- pisó con peligro el área contraria.

Los dos centrales, Mascherano y Mathieu, jugaron con mucho riesgo. Sin el paraguas de los dos laterales ni el que le podían ofrecer los centrocampistas, se la jugaron ante un equipo que corrió con Moura y Cavani y muy bien lanzados por Pastore. Si la solución era dejar en el banquillo a Piqué, se demostró que en esta ocasión no fue válida. Mascherano no estuvo listo en el 1-0 de David Luiz y tanto él como Mathieu actuaron de bomberos todo el partido. En el primer partido comprometido ellos tampoco estuvieron a la altura.

Sergio Busquets, sin líneas de pase, tampoco tuvo un partido plácido. No ayudó en la creación, falló en acciones cerca de su frontal y no estuvo atento en el repliegue, especialmente cuando el partido se convirtió en un ida-y-vuelta. Pero más preocupante fue la actuación de Ivan Rakitic. El croata, en su primer partido grande, fracasó. Jugó en terreno de nadie, nunca participó en ataque y estuvo perdido en las ayudas. El tercer componente del centro del campo, Andrés Iniesta, tampoco estuvo a un buen nivel, más allá de la maravillosa asistencia que le dio a Messi en el 1-1. Iniesta, siendo el mejor del centro del campo, no estuvo bien. En realidad, no acaba de reencontrarse y su calidad aparece muy de tarde en tarde.

En ataque, la presencia de Pedro Rodríguez no se comprende. Hace mucho que es un jugador sin ángel. No desborda ni ofrece soluciones en ataque, no tiene remate ni combinación, es una sombra de lo que fue. Ayer Luis Enrique confió en él en detrimento de Munir o de Sandro, que mejoraron mucho al canario en cuanto salieron en la segunda mitad.

Suerte de Messi y de sus desbordes, de sus ganas, de su clarividencia y persistencia. Leo volvió al lugar del crimen –en París sufrió una lesión que le hizo bajar su nivel de excelencia– y se reivindicó. Pero sólo con él, no basta. Estuvo bien acompañado por Neymar, que ha dado un paso al frente y promete una magnífica temporada.

Ahora el dilema de Luis Enrique es encontrar el equilibrio. Después de un buen inicio, un resultado ha levantado las alfombras de un equipo en construcción. Demasiadas dudas, mucho margen de maniobra, y de momento la luz naranja en el semáforo.