Con estelades y con el culo al aire

La decisión del FC Barcelona de no recurrir la penúltima sanción –siempre es la penúltima– recibida por el club no debería extrañar a nadie. La pusilanimidad ante cualquier agresión externa ha sido una constante en la forma de actuar de los mandatarios del Barça desde que Sandro Rosell y sus herederos accedieron a la presidencia en el año 2010. Ocurrió con el asunto de la cadena Cope y el dopaje, pasó cuando FIFA inhabilitó al club para fichar y aquí se enarboló el famoso ‘La Masia no es toca‘ y vuelve a suceder ahora.

Sin embargo, el asunto de las estelades tiene otro carácter porque atenta directamente contra uno de los derechos fundamentales de los socios del club: el de expresión. Fueron miles los que acudieron a Berlín para ver la victoria de su equipo ataviados con la bandera de la estrella, las mismas que se exhiben en todos los partidos del Camp Nou, donde gritar en el minuto 17:14 a favor de la independencia es ya una tradición.

La decisión de pagar los 30.000 euros de multa sin rechistar es inexplicable por varios motivos. El primero de ellos, porque supone aceptar de forma explícita que portar una estelada es poco menos que un crimen por mucho que los aficionados que las enarbolaron lo hicieron de forma pacífica y festiva. El segundo, porque representa la claudicación ante las incuestionables presiones políticas que desde el gobierno español se han ejercido sobre el comité sancionador de UEFA para, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, cruzar la cara blaugrana con guante ajeno. El tercer motivo que hace chirriar esa decisión es que resulta inexplicable la táctica de poner la otra mejilla cuando estamos más que hartos de ver en los estadios de fútbol reivindicaciones de todo tipo, muchas ofensivas y de mal gusto y otras, como ésta, absolutamente inocuas que no hacen más que reflejar la opinión de miles de personas.

Durante la campaña electoral a la presidencia del FC Barcelona, Josep Maria Bartomeu escribió en su cuenta de twitter que al día siguiente de los comicios responderían a UEFA sobre el tema, puesto que al conocerse la sanción ya había dimitido y no era más que un candidato. Una vez lograda una incuestionable victoria en las urnas, el ya presidente reiteró en diversos medios que no aceptarían la multa mientras, con la mano tonta, se aflojaba el cinturón y se bajaba los pantalones.

Bartomeu, que junto a los otros tres candidatos firmó el ‘Compromís de país‘ poco antes de las elecciones, ha vuelto a mentir a los socios y les ha dejado con el culo al aire. Y no lo ha hecho en materias discutibles como la famosa mano negra o el coste del fichaje de Neymar, sino en algo que afecta muy directamente a todos, independentistas o no: su libertad para expresarse democrática y respetuosamente.

estelades

A la espera de la reacción del club ante la posible sanción propuesta por el Comité Antiviolencia a cuenta de los pitos al himno español y al rey en la última final de Copa, Bartomeu ya puede ir preparando la cartera y, si me apuran, buscando un patrocinador que se dedique en exclusiva a pagar multas, porque conociendo a los aficionados barcelonistas, la estelada va a convertirse –si no lo es ya– en un elemento más del paisaje habitual del Camp Nou.

Dice el proverbio que “cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue”. El día 18, más de la mitad de los socios votaron tridente y triplete, ¿recuerdan? Lo que seguramente ignoraban es que también lo hacían para incorporar al club una nueva sección, el teto. «Tú te agachas y yo…«.

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