Luis Enrique ha logrado ya el primero de sus retos al frente del banquillo del Barça: clasificar a su equipo para la primera final de la temporada. Ahora, a casi tres meses de la disputa del partido, el conjunto que dirige el asturiano puede aparcar la Copa para centrarse en las dos competiciones que de verdad ponen caliente a su afición, la Liga y, sobre todo, la Champions League.

¿Se aparcará la Copa? En el vestuario, seguro; otra cosa es lo que ocurra en el famoso entorno, que parece que va a convertir en cuestión de estado el jugarla en el Santiago Bernabéu una vez que la eliminación del Espanyol borra de un plumazo la posibilidad de disputarla en Barcelona.

final de copa

Hristo Stoichkov alza al cielo el trofeo en el Bernabéu en la Final de Copa de 1997.

Es innegable el atractivo que supone para el barcelonista la posibilidad de ganar un título en el campo del Real Madrid, más aún después del hilarante episodio de las obras en los lavabos del Bernabéu del año 2012, última ocasión en que se enfrentaron ambos conjuntos en la final.

El escenario resulta morboso, porque la posibilidad de reunir a casi cien mil aficionados catalanes y vascos en las calles de Madrid la víspera del Día de las Fuerzas Armadas y con todo el jaleo político que estamos viviendo es mediáticamente muy goloso. El ‘akelarre nacionalista‘ volvería a ser trending topic en las redes sociales y en algún casposo medio tradicional, casi a la misma altura de los silbidos al himno español y de los malabarismos del realizador televisivo para ocultarlos, pero tres meses aguantando la misma cantinela no habrá quien los soporte.

Abstraerse de todo ese ruido va a resultar difícil, pero el aficionado culé –el del Athletic lo tiene más claro– debería centrarse en que lo importante, por divertido que parezca, no es el estadio donde se jugará la final. Lo que de verdad importa es llegar a ella y, sobre todo, ganarla.