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Del Blackpool al Anorthosis, del norte de Inglaterra a Chipre. Un cambio que no habría imaginado pero que con el paso de los días me ha convencido. Era el momento. “O te enganchas y te quedas aquí diez años o en dos meses querrás marcharte” recuerdo que me dijo Roberto Martínez cuando llegué al Swansea y empecé mi aventura británica. No han sido diez años pero casi y echando la vista atrás no me arrepiento de nada, por mucho que ha habido momentos mejores y peores… Y que del último, en Blackpool, podría escribir un libro muy curioso.

No me arrepiento de la aventura del Blackpool porque aprendí muchísimo allí y encontré una afición bestial, fantástica y entregada a un club que no merece lo que está pasando. De mi salida de allí no he querido comentar nada porque nunca me ha gustado la polémica. Mi contrato tenía una cláusula por la que podía salir libre en caso de descenso si había completado 2070 minutos sobre el terreno de juego. Disputé ese minutaje y a pesar de que en los dos últimos partidos no me dejaron participar yo ya sabía esa circunstancia.

Seguía teniendo contrato pero podía irme. Y por mi manera de ser preferí marcharme y renunciar a mi salario a pesar de no tener equipo, porque tenía que irme, lo necesitaba. Podía quedarme y seguir cobrando a la espera de una oferta para entonces irme, pero no soy de engañar a nadie. Y menos en un club que sufre una situación tan extraña. De verdad, me sabe mal por la afición, pero no me veía con fuerzas para quedarme.

Al día siguiente de acabar la Liga recibí una oferta de un club de Championship y durante aquella semana me llamaron otros dos interesándose por mi. Preferí esperar a resolver mi situación con el Blackpool antes de comprometerme con nadie y perdí esas opciones.

Al final, sin acabar de entenderlo, me vi corriendo por Vilanova sin concretar nada, sin saber donde iba a estar, con los equipos arrancando la pretemporada y agobiándome de una situación que no deseo a nadie. Me contactaron para jugar en la Serie B italiana, también hubo algo de Francia y un ofrecimiento que descarte de la nueva Liga en India. Y llamadas sin nada concreto de Inglaterra.

Un día, mi amigo Fede Bessone, con el que había jugado en el Swansea, me dijo que fichaba por el Prat y así, charlando, acabé recibiendo permiso para entrenar con ellos. Es un equipo de Tercera con un corazón de Champions. No sólo tienen con Pedro Dólera un entrenador magnífico y es un equipo con una calidad excelente, sino que humanamente no tienen nada que envidiar a nadie. Al contrario, muchos deberían aprender de clubs como El Prat. A El Prat, sus jugadores, su entrenador y el club en general le estaré agradecido eternamente porque cuando empezaba a hundirme me devolvieron las ganas de seguir adelante. Entrené con ellos dos semanas y de pronto me marché a Inglaterra para entrenar con el Bolton.

Estuve una semana entera entrenando con el Bolton, con una plantilla de gran calidad y muy bien dirigido por Neil Lennon. Quizá llegué demasiado tarde, quizá las cosas no se hicieron bien… No lo sé. El caso es que cuando me llamó el Anorthosis no me lo pensé. Quería volver a sentirme futbolista y aunque podía esperar tranquilamente porque al no tener contrato no estaba atado al cierre de ningún mercado, dedidí irme a Chipre.

El Anorthosis me llamó, me pasó la oferta por escrito, con todo claro, y en un día lo tuve hecho. Pasé de los 14 grados en Bolton a los 35 en Larnaka…

En el fondo me marcho con pena de Inglaterra. Me voy con dos ascensos, dos playoffs con el Brighton y, también, un descenso. Pero lo hago con la conciencia tranquila y el orgullo de haberlo dado todo desde el primer hasta el último día. Sé que nadie en Swansea, Brighton o Blackpool podrá criticarme por mi entrega porque además de dejar muchos amigos he dejado mi trabajo.

Ha sido una experiencia inolvidable y tengo claro que quiero regresar algún día al fútbol inglés, ya sea como jugador aunque los años pasan y no sé si tendré la oportunidad, o como entrenador.

Ahora estoy en Chipre… donde si no lo he contado mal somos 29 futbolistas españoles en Primera División. En el Anorthosis me he reencontrado con Toni Calvo, con el que jugué en el Barça B, y está Thomas Christiansen entrenando al AEK, Albert Serrán y Urko, otro excelente amigo, en el APOEL… Y donde me he encontrado un fútbol mucho más serio de lo que podría pensar quien no lo conozca.

El Anorthosis tiene el desafío de desbancar al APOEL de lo más alto de la Liga chipriota. Es un reto y a mi los retos me encantan, aunque no siempre salgan bien. Hay presión y la presión me gusta y la afición es increíble. Debuté el domingo y lo vi rápido. Después de cuatro meses aún no estoy a tope, pero jugué 67 minutos a buen nivel y ganamos 3-0 para ponernos líderes… que no está nada mal.

Estoy convencido que en dos semanas estaré a tope y además la semana que viene llega mi familia, con el alegrón que eso me provoca porque hace un mes ya que estamos separados. Disfrutarán del clima y de la gente de Chipre tanto como yo. Y de la aventura que aquí empezamos.

Seguiremos en contacto amigos. Ahora desde Chipre aunque sin olvidarme, no podría, de Inglaterra.

¡¡¡Vamoooooooooos!!!