Champions. 16 partidos, 16 protagonistas

Higuaín. Discutido en Madrid, en Nápoles se relamen con su fichaje. Su gol sirvió para abrir la victoria frente al subcampeón de Europa y su rendimiento ha hecho olvidar, que no es poco, a Cavani.

Uchida. Cuando parecía que el Steaua llevaba camino de amargar el estreno del Schalke, el lateral japonés se sacó de la manga un centro-chut que sorprendió a todo el mundo para abrir el marcador. A partir de ahí todo fue más fácil.

Streller. Asistió a Salah para el primer gol y ridiculizó a Cahill al marcar el segundo. El Basilea dio el golpe en Stamford Bridge apoyado en este treintañero de oro.

Walcott. Vale la pena entretenerse a mirar la volea con que abrió la victoria del Arsenal en Marsella. Pilló tal cual el balón que le caía envenenado tras un mal rechace y clavó un remate primoroso.

Arda Turan. Protagonizó la chiripa de la jornada con un gol de rebote, afortunado a más no poder que dio aire al Atlético de Madrid frente a un Zenit que tras empatar le estaba empequeñeciendo.

Helton. Si Lucho González le dio la victoria al Oporto en Viena, Helton, bajo palos, le salvó de la derrota. Irregular como pocos porteros, esta vez fue providencial.

De Jong. De milagro calificaron en Italia la victoria del Milan sobre el Celtic, que se fue de vacío de San Siro, entre otras cosas, por el trabajo del holandés, quien llegó a salvar un gol cantado a Brown.

Messi. Convirtió un partido insulso en un festival. Leo no sabe de crisis y marcó tres goles para catapultar a un Barça que sigue despertando más dudas que certezas.

Rooney. Siendo espectacular la diana de Van Persie, no puede quedar en segundo plano la noche de Rooney. Su primer gol fue una clase maestra de desmarque sin apenas moverse; el segundo otra de pillearía aprovechando un error rival.

Douglas. Su pase de tacón para que Teixeira abriera el marcador en Anoeta fue antológico y redondeó una gran noche, en la que mezcló la habilidad brasileña con el trabajo italiano.

Wiland. Si la Juventus no ganó en Dinamarca, el culpable no fue otro que el portero del Copenaghe, que enloqueció a los jugadores de Conte con paradas excepcionales.

Diego López. Antes de que Cristiano dirigiera la goleada en Estambul, Diego López fue providencial para que su equipo llegase al descanso en ventaja. La lesión de Casillas acabó siendo una bendición.

Matic. Conductor y pulmón del Benfica, fue la clave para que el Anderlecht no pusiera orden en el centro del campo y para relanzar a las aguilas a una cómoda victoria.

Motta. Multiplicado en labores de contención, dio salida al balón, a los lados, con agilidad y fue quien sentenció el asalto del PSG en Grecia, marcando dos goles trascendentales.

Alaba. Un gol, una asistencia y una exhibición de principio a fin, tanto en el plano físico como en el táctico. El CSKA temía a Ribéry y fue condenado por el lateral austriaco.

Nasri. Tantas veces criticado por su fútbol timorato y poco decidido, en Chequia se desató, asistiendo en dos goles y convirtiéndose, como Navas en el otro lado, en un puñal por la banda.

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