Cesc, futuro imperfecto

Cesc Fàbregas cumplió 100 partidos con el Barça conquistando su cuarto título. Si se estrenó con la Supercopa de España en 2011, con el mismo trofeo inicia la que será su tercera temporada en el club, con tres entrenadores diferentes, tantas expectativas como dudas y sabiéndose uno de los futbolistas más señalados del Camp Nou.

Por mucho que en este comienzo de curso parezca haberse ganado la confianza de Gerardo Martino, adelantado en las preferencias del entrenador a un intocable como Iniesta y hasta conseguido convertirse en el ‘todocampista’ por excelencia, la duda permanece. Y la existencia de ese interés del United no ayuda a diluir el debate. Al contrario, lo mantiene y dependiendo de su rendimiento inmediato podría alimentarlo.

A sus 26 años, el de Arenys pasa por ser uno de los futbolistas que mayor debate provoca en el entorno del club. Petición expresa de Pep Guardiola, su millonario fichaje sigue siendo una mochila, cuyo peso no aminora a la vista de su irregular rendimiento, entre notable y sobresaliente cuando comienza la temporada y entre insuficiente y muy deficiente cuando ésta acaba. Así ha ocurrido en sus dos primeros cursos y así se teme que suceda en el futuro.

Ocurre, sin embargo, que Cesc ha poblado las páginas de diarios, minutos de radio y tertulias varias este verano a raiz del publicitado interés del Manchester United por llevárselo de vuelta a la Premier League. Lo que comenzó siendo un rumor acabó por ser una certeza por cuanto el propio David Moyes anunció personalmente su interés por él y el club británico presentó al Barça hasta dos ofertas firmes de traspaso, la última, se asegura, de 45 millones de euros que puso en jaque al Barça y mantuvo en alerta a todo el mundo.

Lejos de cortar de raiz el culebrón, el futbolista no dio la cara hasta ya comenzada la pretemporada para proclamar su deseo de permanecer en el club, consciente de que en los despachos, comenzando por Sandro Rosell, no se haría ascos a su traspaso. Y es esa circunstancia la que mantiene a Cesc en el disparadero.

«El Barça no traspasa a nadie que no se quiera ir» vino a decir el presidente a principios de agosto en una entrevista concedida a ‘8TV’ para justificar la marcha de Thiago Alcántara al Bayern de Múnich. Y aun siendo eso cierto, es tan evidente que si apareciese el jeque de turno ofreciendo la luna por Messi el rechazo del club sería tan absoluto como tímida ha sido la respuesta al United por Cesc.

Darren Dein, agente y personaje de máxima confianza del jugador, guarda en un cajón la propuesta del club inglés. Porque tiene la constancia de que  Ed Woodward (flamante director ejecutivo del Manchester United) mantiene inalterable su interés por Cesc. Si no es ahora, pudiera ser en un futuro.

«Esta temporada no se irá, eso es seguro. Pero el año que viene no lo tiene tan claro» reconoció no hace muchas semanas una persona próxima al futbolista, quien curiosamente, y al contrario que Busquets, Tello o Xavi no ha prolongado aún su contrato que vence en 2016 y que, más sospechoso aún, no está llamado a discutirlo como ya se ha anunciado en los casos de Iniesta o Piqué.

Porque Cesc sabe que, íntimo de Messi, no tiene demasiados apoyos más allá del núcleo duro del vestuario. Señalado por buena parte de una hinchada exigente y en no pocas ocasiones criticado por los medios, es difícil adivinar la verdad de sus pensamientos. Y más a la vista de que en Inglaterra mantiene inalterable un status de estrella que en el Barça nunca se le ha reconocido.

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