El Barça y el club de las carpetas muertas

Estaba Josep Maria Bartomeu tan feliz cerrando carpetas que unos cuantos papeles han acabado por los suelos. Tras el cierre de los buenos acuerdos de patrocinio con Nike y Rakuten y la condena del Barça por dos delitos fiscales cometidos –y confesados sin vergüenza– en la operación Neymar, tocaba abordar el asunto de la acción social de responsabilidad contra la junta directiva de Joan Laporta.

Con la sentencia de la Audiencia de Barcelona asomando las orejas en los primeros días de enero, la directiva de Bartomeu trabajó a la sombra durante semanas su nuevo mantra: “queremos cerrar carpetas”. Y la idea sería estupenda si no fuera porque llega seis años largos tarde, los mismos que los 17 directivos de la junta de Laporta llevan soportando sobre sus cabezas una espada de Damocles con forma de ruina.

Cerrar carpetas, pero no

En la vergonzosa Asamblea de Compromisarios de 2010, aquella en que el entonces presidente se tornó Poncio Pilatos y un caballero de una prestigiosa auditora esgrimió como ejemplo de los enormes dispendios de la directiva unas facturas de pollos a l’ast, se gestó el nacimiento de una bola de nieve que ha acabado por engullir a sus impulsores. “Queremos cerrar carpetas”, insisten mientras con la mano tonta actúan como perdonavidas alcanzando un acuerdo condescendiente con 11 (12 ya) de los exdirectivos y amenazando a los que no han pasado por el aro con alargar el proceso hasta el Tribunal Supremo si la Audiencia falla contra el club. Y no sería de extrañar, sobre todo teniendo en cuenta el currículo acumulado en cualquier batalla judicial donde se enfrascan.

Queremos cerrar carpetas”, aseguran mientras con una mano sueltan la goma que impide el cierre y organizan una asamblea donde un grupo de gente ociosa y aburrida se dedica a decir sandeces como que Laporta utilizaba tarjetas black ante lo que el presidente, lejos de reprender al socio, se limitó a reaccionar con una absurda sonrisita. Y así, mientras hablan de carpetas, del bien del Barça y de la unión, amenazan a quienes todavía buscan que la justicia les dé la razón con cuatro o cinco años más de angustia y estrés.

La grada y el TAS

Por si eso fuera poco, al circo de Bartomeu, Cardoner y compañía le han crecido un par de enanos más. El primero, qué casualidad, el montado por la grada de animación. Ejemplar, decían, hasta que la visita del Espanyol ha servido para demostrar que no parece buena idea reunir a una serie de energúmenos para que insulten y exhiban pancartas de dudoso gusto. Inesperado, ¿verdad? Serán los famosos valors, supongo.

Y el segundo enano convertido en pivot de la NBA de la noche a la mañana ha llegado hoy desde el TAS. El barcelonismo ha visto atónito cómo la sanción al Real Madrid, en principio idéntica a la que sufrió el Barça, ha quedado reducida a la mitad. Una estupefacción elevada al cubo si tenemos en cuenta que el despacho de abogados que ha llevado el caso fue el mismo que contrató la junta de Bartomeu, quien no ha tardado en decir que pedirán explicaciones al bufete como si este pudiera dárselas y explicar el procedimiento seguido con otro de sus clientes.

Los pasillos perdidos

La diplomacia de los pasillos perdidos, la de “La Masia no es toca”, condena de nuevo al club a un ridículo más que añadir en el debe de la junta. Si es que no ocurre como en el caso Neymar, que fue una “magnífica gestión” de Rosell y Bartomeu a la hora de pavonearse y un “error” (eufemismo que ha hecho fortuna para evitar reconocer que cometieron dos delitos) a la hora de responder ante la justicia.

Eso sí: habrá estelades en el Camp Nou a partir de ahora, previo pago de las sanciones anteriores, claro. Porque, como dijo Rosell en su día antes de bajarse los pantalones con la Cope, “estem molt enfadats”. Bienvenidos al club de las carpetas muertas.

Foto: El Periódico

Comparte este artículo

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos