Puyol: el triunfo de la perseverancia

Carles Puyol ha dicho hoy adiós. El sábado no le veremos sobre el césped, ni tampoco –él mismo lo ha dicho– en el banquillo. En un último servicio como capitán del Barça, Puyi se ha descartado porque no entiende que en una final como la de pasado mañana puedan saltar al campo jugadores que no estén en condiciones de ofrecer el 100% de sí mismos. Alentará a los suyos desde la grada del Camp Nou pero, casi quince años después de enfundarse por primera vez la camiseta del primer equipo, el central de La Pobla ha confirmado hoy que no volverá a vestirla más. Ni esa ni, probablemente, ninguna otra.

En un acto primorosamente organizado al que acudieron todos los presidentes que tuvo Puyol excepto Sandro Rosell, el Barça ha despedido hoy a uno de los últimos grandes mitos del club. Un tipo a quien el carácter, el tesón y el esfuerzo le permitieron llegar allá donde otros con mucho más talento no lograron.

Se marcha el chaval semidesconocido que secó a Luis Figo cuando, tras abandonar el Barça, volvió a la que fue su casa para recibir la más sonora pitada que se recuerda. Se va el defensa que salvó goles con el escudo, el central que se partió literalmente la cara en más de una ocasión intentando parar a los delanteros rivales, el capitán que ondeó la Senyera al viento en el Bernabéu en una de las tardes más gloriosas e inolvidables que recuerda la afición barcelonista.

Decimos adiós al capitán del mejor Barça de la historia, que no al mejor capitán de la historia del Barça. Porque se despide el jugador que animaba al resto al encajar un gol, el defensa sin miedo a nadie, el máximo ejemplo de lucha para sus compañeros y el que, generoso, cedió a Eric Abidal el honor de alzar la Champions al cielo de Londres, pero también el que vivió sin evitarla la dejadez de un equipo campeón en París o el que decidió optar por la ley del silencio en el momento más inoportuno.

Hacía más de dos temporadas que Puyol no era quien quería ser. Consciente de ello, en marzo decidió anunciar el adiós que se ha consumado hoy. Puyi se va porque, aunque haya puesto todo su empeño en remediarlo, le ha fallado ese físico portentoso con el que edificó su carrera, un cuerpo derrochador de vitalidad y energía que causó, una y otra vez, que su apellido fuese coreado por un Camp Nou que vio en él el heredero natural de Migueli como valladar inexpugnable en la zaga azulgrana.

La pelota está ahora en el tejado de un Andoni Zubizarreta que se va a ver obligado ya, sin más demora, a consumar el relevo de un Puyol cada vez menos valladar y más expugnable, una vez parece haber resuelto el dilema de la portería después de la marcha de Víctor Valdés. No encontrará Zubi otro Puyol porque la propia fuerza del de La Pobla rompió el molde con el que fabricarlo. Hallará, si se esfuerza, centrales con más técnica, más potencia y más capacidad para jugar al fútbol, pero pasarán años hasta que veamos aparecer un futbolista con el espíritu, la tozudez y el afán de superación de Puyi, más propio del rugby que del deporte rey.

Con o sin título, el sábado habrá emociones en un Camp Nou que podrá, por primera vez en muchos años, despedir a una leyenda en activo, igual que hiciera Old Trafford con Ryan Giggs o San Siro con Javier Zanetti. Algo a lo que, lamentablemente, el culé no está acostumbrado.

Foto: fcbarcelona.com

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