Capitán por un día

CLICK HERE TO READ IT IN ENGLISH

En una Liga donde los partidos durasen diez minutos tendríamos alguna posibilidad. Eso viene a ser lo que aguantamos cuando salimos a jugar fuera de casa porque lo convertimos casi siempre en un suplicio, tan difícil de entender como de explicar. No es un secreto que el Bornemouth es un excelente equipo y que si va primero y con opciones ciertas de llegar a la Premier es por el fútbol que hace, pero las facilidades que encontraron el sábado no fueron pocas. Que pregunten cuantas veces podrá un jugador recibir con tanta facilidad, darse la vuelta en el centro del campo y correr hacia la portería rival sin que nadie se le acerque. Así nos metió el primero de sus tres goles Pittman. El cuarto fue ya el final del horror: un penalti torpe cometido por mi. Y otro partido para olvidar. Muchos van. Demasiados.

No sé si alguien del equipo no se da cuenta de lo devastador que puede ser efecto de esta temporada en nuestro futuro y el de nuestras familias. Al final cada uno deberá reflexionar sobre lo que ha hecho o dejado de hacer. Y aunque será tarde, tendrá que sacar sus propias conclusiones.

Para mi fue una semana complicada. Entrené con el recuperador pero con mucho cuidado porque el cuádriceps me seguía molestando. No me dolía la cicatriz pero se me cargaba muchísimo toda la pierna y tenía muy pocas esperanzas de llegar al partido. El viernes decidí probarme con el grupo y el entrenador decidió en un suspiro ponerme en el once inicial. Cuando te demuestran esa confianza lo mínimo que puedes hacer es responder, darlo todo, olvidarte del dolor y jugártela. Y eso hice. Después de cuatro semanas y con una sola sesión con el grupo no es habitual que te den la oportunidad de jugar desde inicio.

Al llegar al estadio, Lee Clark se acercó a mi y me dijo que iba a ser el capitán. Me quedé de piedra porque jamás lo habría imaginado. La única vez que había sido capitán fue con el Swansea en el trofeo de la Gamba de Palamós y una vez con el Alavés B, así que mucha experiencia no tenía, pero fue un gesto que le agradezco, una demostración de la confianza que tiene en mi y de lo que espera de cara al grupo. Más allá del resultado y del momento que atraviesa el club, recordaré este día como un momento especial porque esta es una institución histórica y yo un día fui su capitán. A muchos les podrá parecer una anécdota sin más. Para mi no. De verdad.

Somos un equipo joven y a pesar de todos los problemas que rodean al vestuario la experiencia te ayuda a ser más reflexivo y no dejarte llevar por las emociones. Hay días que le pegaría cuatro patadas a la pared y lo mandaría todo a tomar viento… Pero en el vestuario hay gente que apenas ha superado la mayoría de edad y que mira lo que tú haces. Yo nunca seré una influencia negativa para un chaval joven de mi equipo porque no quiero que nadie se pueda llevar un mal recuerdo de Andrea Orlandi e intentaré ayudar en lo que pueda a cualquiera de ellos.

Sé de lo que hablo porque a mi me habría gustado recibir ese trato y no lo tuve cuando subí al primer equipo del Alavés. Encontré a grandes jugadores y mejores personas que me trataron genial. Pero hubo alguno, que precisamente jugaba en mi misma posición, que hizo todo lo contrario: más que ayudarme me intentó hundir en la miseria con sus desprecios. Si hubiera tenido la fuerza de afrontar las cosas con la mentalidad que tengo ahora las cosas habrían sido muy distintas, pero de todo se aprende. Y sigo aprendiendo. Y desde luego, yo no seré nunca una mala influencia para ningún joven que mira el fútbol con los ojos de quien empieza y quiere comerse el mundo.

Ahora nos vienen dos partidos seguidos en casa y después el parón por los partidos de selecciones. Charlton y Leeds serán rivales duros como todos, pero debemos sacar la poca sangre que nos queda para reducir en lo posible la diferencia con la salvación, aunque lograrla esté descartado. Miro la clasificación y me siento avergonzado, cambio de canal al vernos en Sky Sports News porque me deprimo y no encuentro una explicación a que estemos ahí. Si voy tomando partido a partido sí lo comprendo, pero si al desgranar la temporada me fijo en el trabajo que hacemos entre semana no logró argumentarlo. No sé si es fácil de entender. Bueno, en realidad me parece que es imposible.

Estamos donde estamos por muchas razones. Cosas que más allá del vestuario se saben, otras que se intuyen y otras que ni se pueden sospechar. Es como una película de la que sabes el final pero en la que el miedo se va reproduciendo en cada escena, por mucho que haya unos pequeños momentos de felicidad. He dicho algunas veces que miro a mi alrededor y veo futbolistas, deportistas, que no deberían estar viviendo una situación así. No somos en absoluto un equipo tan malo como dice la clasificación, pero los números dicen lo contrario. Es increíble, sí.

A mi, lo reconozco, cada vez me cuesta más escribir y encontrar una motivación para sentarme frente al ordenador. Sigo porque así me comprometí al comenzar la temporada y nunca me escondo cuando las cosas no salen como querrías. Seré raro, pero soy una persona de palabra.

El viaje, largo, a Bournemouth, por cierto, lo pasé casi todo durmiendo. Las peques nos dieron una semana para olvidar en cuanto a horas de sueño y la verdad es que viajar con el equipo fue como unas minivacaciones (que no se entere Laura). Claro que este año más que vacaciones eran excursiones al túnel del terror… En cualquier caso, aprovecho para descansar y Darren O Dea sabrá de qué hablo porque tuvo el placer de escuchar mis ronquidos a los cinco segundos de cerrar los ojos en la habitación. Es lo que hace el cansancio. Yo pensaba que no roncaba, pero me lo demostró con la grabación que hizo con su teléfono móvil. Será que me hago mayor…

Esta semana es de Champions. La pasada ya avisé que soy un pronosticador horroroso porque esperando a que mi amigo Paulo Sousa pudiera dar el golpe en Oporto, el Basilea fue arrollado, también lo hizo el Bayern… Y se quedó en la calle el Chelsea. Hacía tiempo que no vivía un final de partido en el que no tuviera nada que ver tan excitado como en el Chelsea-PSG. Vi la entrada de Ibrahimovic y me recordó a la de Barnes, pero más allá, vi a un equipo que quería ganar enfrentado a otro que solamente pensaba en clasificarse. Y fue justo. Al menos para mi.

Ahora espero que el Barça haga bueno el pronóstico, pero cuidado porque el Manchester City, que perdió en Burnley, irá herido y será más peligroso en el Camp Nou. Tampoco descarto al Arsenal, aunque tenga una misión casi imposible en Mónaco y habrá que ver quien manda entre el Atlético y Leverkusen por un lado y Borussia y Juventus por el otro. En cualquier caso, de entrada, mi partido será el del Camp Nou. Los recuerdos siempre tiran…

Acabo, amigos. Ha comenzado la Fórmula 1, que era uno de mis deportes favoritos. Digo era porque lo de ahora es poco menos que infumable. Ya os puedo adelantar que el Mundial lo ganará Hamilton aunque lo curioso es como la marcha de Fernando Alonso ha provocado que Ferrari recupere sensaciones y que McLaren sea un auténtico desastre. Es muy muy curioso…

En fin, nos vemos la próxima semana. Y ojalá con mejores noticias para esa gente que sigue animando al Blackpool a pesar de todo. Para ellos, para vosotros, no tengo palabras. Mi agradecimiento será eterno.

¡¡¡Vamossss!!!

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos