Camp Nou: ganará el sí

Los socios del FC Barcelona aprobarán con holgura el próximo 5 de abril la propuesta de reforma del Camp Nou que propone la junta directiva. No se trata de un ejercicio de adivinación, sino de plasmar una sensación que se extrae de la primera reunión de presentación del proyecto que tuvo lugar ayer en Badalona.

Se ha explicado en varias ocasiones que el Espai Barça es un proyecto de intenciones y que las maquetas y presentaciones virtuales que se exponen en el Camp Nou son sólo una idea, porque aún no se sabe quién se ocupará de diseñar el proyecto y cuánto costará realmente. Aun así, salvo alguna excepción, las principales preocupaciones de los socios que asistieron a la reunión –animados por un discurso en el que se menospreciaba una y otra vez tanto el estadio como el Palau– se centraron en cosas como si habría descuentos para familiares en el Museu o si se iban a ver afectadas sus localidades.

Javier Faus, el directivo encargado de explicar el proyecto a los socios, se ocupó de vender las maravillas del Espai Barça, los beneficios que va a obtener el club y cómo la habilidad de la junta directiva ha permitido en tres años y medio pasar de imprimir en blanco y negro a embarcarse en un proyecto de 600 millones de euros.

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El resultado de la votación será concluyente. El mismo Faus dijo hace unos días en Catalunya Ràdio que espera ganarlo con, al menos, un 60% de votos favorables. Toda la maquinaria propagandística está en marcha, la propia y la ajena. La campaña de divulgación del proyecto al socio no es una explicación, sino un lavado de cerebro en el que se explica lo mal que están las instalaciones actuales y lo magníficas que quedarán las nuevas. Presentaciones impactantes, maquetas deslumbrantes, un discurso muy pensado… Todo está perfectamente estudiado.

Tan estudiado que cualquier pregunta que se salga del argumentario oficial obtiene por respuesta una frase predefinida. Quien firma estas líneas le preguntó a Javier Faus si, teniendo en cuenta la importancia estratégica del proyecto y lo que supone para el club y que Sandro Rosell ganó las elecciones en 2010 con un programa que incluía un Espai Barça con una décima parte del coste actual, no sería mejor convocar elecciones para que todos los candidatos presentaran su visión del asunto y el socio pudiera escoger realmente qué quiere. Porque lo del día 5 de abril no es una votación equilibrada, sino una elección precipitada, sesgada y en la que una de las opciones tiene todo el potencial mediático del club remando en su dirección. La respuesta –aunque no se le preguntaba eso– fue que la junta no va a dimitir. Fantástico, ya sabemos que su intención no es dimitir, aunque el ambiente en el seno de la directiva no sea precisamente el más tranquilo del mundo.

El único problema con el que se puede encontrar el club está en los socios abonados a la primera gradería del Camp Nou. El proyecto contempla que el primer anillo de la grada del estadio sea más vertical, lo que supondrá, según explicó Faus, que alrededor de 10.000 abonados de esa zona tengan que cambiar de ubicación y trasladarse mayoritariamente a la tercera gradería y, en menor medida, a la segunda. La sorpresa fue mayúscula entre los socios y se tradujo en cierta inquietud porque, como los compromisarios que en cada asamblea hablan de la gotera del estadio o del vecino que anima demasiado, esto les afecta directamente.

Y ahí radica el secreto de la votación, porque el socio del Barça tiene conciencia de ser propietario del club cuando, curiosamente, se toca quizá el único bien que no posee: el asiento. Al socio mayoritario (cuya media de edad es relativamente alta) le preocupa más una factura de pollos a l’ast y unos puros que saber si el club puede permitirse ahora mismo, en plena crisis, un proyecto de 600 millones de euros.

Seguramente, el Barça necesita un estadio acorde a los tiempos que vivimos. El club puede aspirar a ello y quienes vamos al Camp Nou nos beneficiaríamos de las comodidades que conllevaría, pero todo debería hacerse sin claroscuros, con un proyecto definido claramente que los socios y no con una votación sobre hologramas.

La directiva, como explicó Faus ayer, estima que la votación es un acto democrático. Y tiene razón, lo es. Por eso deberían dar la oportunidad al socio de elegir un presidente que explique en su programa cuál es, cómo será y cuánto costará su proyecto para el Camp Nou. Que los socios voten y escojan quién debe llevar adelante el proyecto, que exijan transparencia de verdad y que sepan realmente qué es lo que están eligiendo.

Bartomeu está legitimado estatutariamente para continuar en la presidencia del club, pero un cambio tan sustancial en su proyecto de Espai Barça –que pasa de 50 a 600 millones de euros en tres años– debería ser refrendado por unos socios que votaron mayoritariamente por una austeridad que ha pasado a mejor vida. Lo contrario sería certificar que el Barça se ha convertido en un reino de taifas.

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