Bienvenidos a la victoria. Fin del debate.

– “Si tú tienes el balón no lo tienen ellos”.

– “Sí, y entonces viene Capello y te mete 4 goles en Atenas”.

– “En mi vida solo he ganado jugando bien”.

– “Y dos años seguidos vienen Madrid y Barça y te aplastan”.

Fin. No hay más.

Cuantas más herramientas tenemos a nuestra disposición para recordar el pasado, menos lo hacemos o más nos ocupamos en despreciarlo y, aunque sea sin querer, descubrimos que la historia está siempre en las mismas manos, que toman los portavoces adecuados para enseñarnos el camino verdadero.

En octubre de 1996, días después de que el Barça de Robson y Ronaldo (y Figo, Giovanni, Guardiola, Popescu o Couto) golease por 8-0 al Logroñés entre los pitos de una parte de la afición azulgrana, Josep Mussons, Nicolau Casaus, Francesc Pulido y Xavier Aguilar se dejaron caer por la zona de vestuarios del Camp Nou en días de entrenamiento, cuando los periodistas, además de ver esos entrenamientos, podían charlar con futbolistas, técnicos, médicos, dirigentes…

La cantera está pasada de moda” proclamó, puro en mano, Casaus entre un corro de informadores, unos metros más allá desde donde Mussons explicaba que la sentencia Bosman obligaría al Barça a “replantearse el fútbol base. El fútbol ha cambiado”. Todo aquello eran charlas extraoficiales, nada de micros, nada de declaraciones. Corrillos en los que los colaboradores más directos de Núñez defendían desde la proximidad la necesidad de enterrar el cruyffismo fuera como fuera.

Pulido llegó a afirmar que la defensa con tres centrales era una “maravilla de un adelantado a su tiempo”, refiriéndose a Robson y Xavier Aguilar se fue encargando de separar a los buenos de los malos periodistas, poblando no mucho después la grada del Camp Nou de unas sospechosas pancartas con las que se señalaba y despreciaba a un periódico en concreto por, simplemente, dar a conocer que existían otros puntos de vista diferentes al ‘oficial’.

Al cabo de los años las cosas no han cambiado tanto. Casi se diría que en esencia no han cambiado nada. Las opiniones encontradas en cuanto a una forma de jugar dan pie a discusiones bizantinas animadas por periodistas convertidos en ‘líderes de opinión’ y catapultados casi al papel de capellanes. Y defender que el rondo y/o la posesión debe mantenerse como signo de identidad de este equipo merece unos desprecios alucinantes.

No hay que ser más papista que el Papa. El tiempo del fútbol pasó y queda el resultado, no hay más o, mejor dicho, no hace falta que haya más porque como muy bien nos recordó Jordi Cardoner, “esto de la posesión no lo acabo de entender. Yo me quedo con las ocasiones y los resultados”. Y dejémonos de debates.

Cuando solamente queda el resultado el riesgo es infinito. Hay quien pone el juego en el primer plano asegurando que a través de una idea concreta se alcanza la meta deseada. Y enfrente se posiciona quien quiere alcanzar esa meta de cualquier manera. La discusión tampoco es nueva, pero sí es novedoso el nivel de histerismo alcanzado. Tanto como la ceguera casi insultante de quien responde desde sus tribunas de opinión con desprecio a quien recuerda la humillante derrota en Vigo, el sufrimiento contra el Bayer Leverkusen o que un Rayo Vallecano sea capaz de poner en duda la superioridad, mayúscula, que se supone debería tener el Barça.

– “Sí… Pero 5-2 y a casa”.

Fin del debate.

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