Bartomeu: ¿truco o trato?

La junta directiva del FC Barcelona que preside Josep Maria Bartomeu se reúne hoy para decidir los pasos a seguir tras la sentencia de la demanda por la acción de responsabilidad que absolvió a Joan Laporta y 16 de sus compañeros de camino. Los directivos del club tienen, a priori, tres opciones para escoger. Olvidar el asunto, presentar un recurso o convocar una asamblea extraordinaria de socios compromisarios para que sean éstos quienes decidan si continuar o no con el proceso.

Después de cuatro años en los que la amenaza de ruina para muchos de los demandados ha sido su día a día, la decisión de hoy es crucial para el futuro social del Barça. El escenario ha cambiado tanto desde aquella tarde de 2010 en la que una ajustada votación decidió poner en marcha la demanda que uno ya no sabe por dónde va a salir la directiva.

La demanda nació viciada desde un principio. Tanto que los socios que la votaron valoraron más las facturas de restaurantes, habanos o pollos a l’ast que los criterios que el juez ha incluido en su sentencia. Muchos, algunos incluso hoy, piensan que la interposición de la demanda se debía a que los exdirectivos habían metido mano en la caja. Aquellas dobles páginas en los diarios no ayudaron, precisamente, a esclarecer los hechos.

Lo cierto es que hoy, al menos en primera instancia, Laporta y su junta no solo no deben responder de los casi 48 millones de pérdidas que le atribuyeron los números de Javier Faus, sino que su mandato global, según el juez, ofreció beneficios. Hay quien opina que pocos, pero tampoco conviene olvidar que ese resultado global incluye el pufo del mandato de Joan Gaspart.

Si la junta decide no presentar recurso a la sentencia, las aguas bajarán algo más tranquilas. Las andanadas que ayer le dirigió el propio Laporta en su rueda de prensa habrán calentado a más de un directivo, así que veremos si mantienen la calma o se guían por la visceralidad. Tampoco sabemos hasta qué punto la amenaza de Robert Blanch –autoerigido en adalid de la limpieza y causante, entre otras cosas, de parte de la judicialización del club a través de la manipulación de un pobre jubilado descamisado que ya no sabe dónde meterse– de pedir responsabilidades a la propia junta puede tener algún efecto.

En caso de que la decisión se decante por el recurso, todo volverá a empezar. Y lo hará con la obligación de Laporta y un grupo de sus directivos de avalar casi tres millones por cabeza gracias a la ejecución de una sentencia (la de los avales impulsada por el dueto Pla/Blanch) que se volatilizaría en caso de no recurrir la decisión del juez Borrego.

Y luego está la tercera vía, que no es otra que la convocatoria de una asamblea extraordinaria cuyo único punto del día sería el asunto del recurso. Seguramente sea esta la decisión que tiene más visos de ocurrir, puesto que fue la propia asamblea la que en su día votó iniciar el proceso. Si la directiva de Bartomeu opta por convocarla, no estará de más que su papel fuera algo más claro que hace cuatro años y que los socios supieran de antemano cuál es la posición oficial de la junta. Claro que algo así comportaría un riesgo enorme: que los compromisarios decidieran lo contrario a la postura de la directiva. Y eso, en un panorama preelectoral como el que vivimos después de que la sentencia haya resucitado a un Laporta que parecía muerto, tiene su riesgo.

Hoy, víspera de todos los santos, veremos si la directiva del Barça se apunta a la castañada o prefiere atizar un nuevo castañazo a quien considera su enemigo incluso desde antes de acceder al poder. Eliminado el trato, veremos cuál es el truco que sale de Arístides Maillol.

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