Barça y Madrid dibujan un clásico de perfil bajo

El FC Barcelona y el Real Madrid empataron en el Camp Nou (0-0) en el Clásico del Tsunami, un encuentro que prometía mucho y se quedó en más bien poco.

Tienen los clásicos un no se sabe qué que los aleja de cualquier tipo de lógica, si es que el fútbol, en sí mismo, tiene lógica. Sobre el verde del Camp Nou, el Madrid fue mejor y el Barça transmitió la inquietante sensación de que la temporada avanza y no acaba de encontrar su sitio.

El Clásico de esta noche comenzó con el temor a un Tsunami y poco a poco fue convirtiéndose en una montaña rusa digno del antiguo parque de atracciones de Montjuïc. Arrancó el Barça muy bien plantado sobre el césped, presionando a la defensa del Madrid y moviendo bien el balón, pero con poco acierto y menos puntería. La reaparición de Jordi Alba hacía presagiar el regreso de esa sociedad ilimitada que mantiene con Leo Messi, y a fe que el lateral catalán hizo lo posible para prodigarse en ataque. Alba fue protagonista, unas veces con Messi y otras con De Jong, de las primeras aproximaciones a una zona de peligro donde Courtois, pese a todo, lo miraba sin necesidad de intervenir.

Quince minutos le duró el empuje al Barça. A partir del cuarto de hora, el Madrid se hizo dueño del balón y puso en apuros a Ter Stegen. Primero, con un cabezazo que Piqué sacó bajo palos; luego, con Lenglet desviando otro disparo peligroso. Los de Zidane creían en lo que hacían, presionaban con fuerza la torpe salida del Barça, especialmente cuando quien lo intentaba era un titubeante Semedo. Achicaba agua el Barça como podía y Ter Stegen tuvo que emplearse a fondo en una doble ocasión con sendos disparos de Benzema y Casemiro.

El dominio madridista hizo aumentar la confianza del equipo blanco, tanto que se le vieron las costuras en alguna contra peligrosa conducida casi siempre por Messi. En una de ellas, al filo de la media hora de juego, Sergi Roberto probó a Courtois y el rechace del portero belga cayó a los pies del diez argentino, que remató y obligó a Sergio Ramos a despejar cuando ya se cantaba el gol local. A partir de ese momento, el pulso se igualó, aunque un omnipresente Fede Valverde, que cuajó un gran primer tiempo, forzó al portero alemán del Barça a intervenir para mantener la puerta a cero.

Un clásico plano

El panorama no cambió demasiado tras el descanso, pero sirvió para comprobar diversas certezas. La más triste, por nostálgica, que el Barça ha dejado de ser el Barça que todos conocíamos para convertirse en un equipo plano, sin capacidad para sacar el balón jugado –una de sus señas de identidad– y con el balón de Ter Stegen a Suárez como única herramienta táctica para intentar superar la presión madridista.

Valverde vio los problemas y retiró a Semedo para dar entrada a Arturo Vidal, una sustitución que contrastó con la de Zidane, que optó por refrescar su centro del campo con Luka Modric. Justo tras la entrada del chileno ocurrió la única protesta del tan temido Tsunami: una ligera lluvia de pelotas amarillas que fue automáticamente silenciada por la realización televisiva, que optó por planos aéreos y repeticiones mientras el partido se detuvo.

Lejos de estimular a unos u otros, el parón despertó la falta de acierto de ambas delanteras con un único sobresalto: el gol anulado a Bale por fuera de juego de Mendy. Más allá de eso, el Clásico de hoy no pasará a la historia del fútbol por su calidad. Ni siquiera por su emoción. Lo hará por haber sido un error histórico de quienes maldirigen el fútbol y, buscando jaleo, prefirieron despojar de normalidad un partido de fútbol hace ahora dos meses.

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