Barça: ¿Vértigo o fiabilidad?

El partido del Barça en Sevilla resume a la perfección el estado en el que se encuentra el equipo. Puede ser brillante, puede matar a cualquiera con la pólvora que tiene delante, pero no es fiable. Su equilibro es efímero y los errores cometidos -ayer uno de Bravo y otro de Piqué– penalizan demasiado. La gestión táctica del entrenador, correcta después del despropósito de Anoeta, quedó en entredicho, especialmente por los cambios introducidos. Aunque admita Luis Enrique que «no pasa nada, seguimos líderes«, el margen de seguridad del equipo ahora es nulo, ya no juega con red y el calendario tampoco anima a tener una percepción positiva del futuro.

El Barça cayó víctima de sus errores, en ataque -pudo matar el partido en la primera parte- y en defensa, y fue superado por un rival que le puso más intensidad a sus acciones, especialmente en el segundo tiempo. Un partido y un empate que sirven como aviso con el PSG y el Valencia llamando a la puerta. Ante el Sevilla, por una vez, el Barça ofreció un plus a sus acciones con la intervención de los medios, una circunstancia novedosa en toda la temporada. Fue muy destacada la actuación de Busquets, Iniesta ofreció detalles que nos recordaron a Don Andrés, y Rakitic se multiplicó en un escenario que conoce bien.

De los tres delanteros, dos fueron determinantes en el primer tiempo. Messi marcó el primero y Neymar, el segundo. Suárez falló demasiado, tanto que no puede perdonar en un partido grande como ante el Sevilla. Atrás Claudio Bravo fue el que le dio aire al Sevilla. Empañó su gran temporada con un gol que ojalá no tengamos que recordar al final de curso. Sin ese tanto de Banega a poco del descanso, el Sevilla no hubiera creído en el partido y el Barça se hubiera llevado con comodidad el partido y descontado otro partido hacia el título de Liga.

A todo esto está la gestión de Luis Enrique. Sustituyó a Neymar y dio entrada a Xavi a 17 minutos del final y el equipo se descompensó. Intentó el técnico controlar más el juego, pero consiguió el efecto contrario, porque el partido, que ya hacía minutos que era del Sevilla, acabó siendo empatado por los de Unai Emery en una jugada que nació en un error de Piqué, pero que supuso una buena conducción de Reyes, un buen centro de Aleix Vidal y un remate de Gameiro.

El cambio de Neymar provocó una reacción desproporcionada por parte del brasileño. Aplaudió con sorna, lanzó las botas al suelo y dedicó a Luis Enrique ese gesto tan italiano juntando todos los dedos de una mano. Se equivocó el técnico con el cambio, pero también Neymar con esa acción.  También se equivocó al término del partido Jordi Mestre, el vicepresidente deportivo, quien al término del partido admitió que desconocía el motivo del cambio: «Neymar ha hecho un partidazo, pero sus motivos tendrá«.

Los próximos partidos dictarán sentencia. El Barça resultadista se queda desnudo cuando suma solo un empate y de aquí a final de temporada necesita controlar los partidos para ganar en fiabilidad. Ahora el descontrol se maneja en base a la enorme pegada de tus delanteros, cuando la garantía era manejar los partidos desde el balón y el criterio. Son diferentes puntos de vista futbolísticos los que nos ofrecen el vértigo y la fiabilidad. Este Barça se basa en el primero y poco queda del segundo precepto. Solo los resultados dictarán sentencia. ¿Copa, Liga y Champions?

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