El Barça pierde la memoria

El FC Barcelona ha fallado este año en la gestión. Nadie se dio cuenta a tiempo de que (…) faltaba norte, guía, dirección, gestión. Esta temporada se ha vivido de la renta de París. Empezó con la sugerencia de que se podían ganar siete títulos y ha sido la peor temporada desde hace mucho tiempo.

Cargarle sólo la culpa a los jugadores es excesivamente simplista y seguramente, injusto. Se ha planificado mal, han existido fallos graves en la preparación física de la plantilla, en la actitud de jugadores clave y no ha habido una respuesta clara, seria y contundente desde la Junta. Todo el año ha dado la sensación de que el Barça vivía instalado en el buen rollo. De arriba a abajo. La presión que en otros años hacía funcionar al club no se ha visto por ningún lado. El equipo no ha ganado ningún partido decisivo y ha acabado la temporada con el calificativo de fracaso.

Ha fallado Laporta y su junta por llegar tarde, dejar hacer, no tomar decisiones en el momento preciso y esperar que, como se ganaría, todo acabaría arreglándose. Ha fallado Rijkaard y su equipo técnico (sin Ten Cate) porque no ha podido imponer un sistema de autoridad en el vestuario capaz de marcar una clara línea de compromiso y actitud. Ese dejar hacer también ha sido fatal, aderezado de excesivas dudas en los planteamientos tácticos. Rijkaard ha sabido apagar incendios y es un técnico al que el Barça le debe mucho, pero este año, el vestuario ha dado la sensación de que iba por libre.

Santi Nolla, en Mundo Deportivo. 18 de junio de 2007.

El mundo del fútbol no tiene memoria. Y si la tiene es, como decía aquel anuncio, de pez: tres segundos, con suerte. No más. En el caso del Barça, esa amnesia general afecta a todos los estamentos: aficionados, futbolistas, directivos y periodistas.

El barcelonismo ha pasado en pocos años de vivir tocando el cielo con los dedos a ver cómo su equipo ha dejado de ser competitivo. Por inercia propia y por despistes ajenos, el Barça llegó a la última jornada de Liga con posibilidades –más ficticias que reales– de hacerse con el título. La reacción del Camp Nou tras el empate frente al Atlético que coronaba a los de Simeone fue elegante, pero muy diferente de la que ocurrió en aquel abril de 2012, cuando el Chelsea de Di Matteo dejaba a los de Guardiola sin la posibilidad de disputar la final de la Champions League en Munich. Apenas veinticinco meses después, pasamos de un estadio en pie aplaudiendo a un equipo eliminado pero que disparó cuatro veces al palo y atosigó sin suerte a los ingleses a Camp Nou en el que reina más la indiferencia que otra cosa. En dos años, gran parte del público perdió la memoria y, con ella, también extravió su capacidad para exigir a sus jugadores y técnicos.

Gran parte de los futbolistas también sufre amnesia. Algunos de ellos han olvidado que, aunque el fútbol sea un juego, su profesión es algo más que un hobby. Hace tiempo que se hicieron con las riendas de un vestuario que sólo Tito Vilanova pareció controlar. Sin embargo, su ausencia por la enfermedad hizo que Jordi Roura no pudiera manejar a un grupo de jugadores que comenzó a caer en todo aquello que Guardiola y Tito dominaban bien: esfuerzo, trabajo, estado de forma. Cuando el gato no estuvo, los ratones bailaron, y aunque la anarquía de esa danza dio para ganar la Liga de los 100 puntos, no fue suficiente para evitar el varapalo frente al Bayern. Martino, que llegó con la mejor intención del mundo y “desde la admiración a los futbolistas”, tampoco pudo revertir esa situación y acabó devorado, seguramente con menos culpa de la que muchos creen, por ese Saturno de 24 jugadores.

Tampoco la prensa tiene memoria. En el fondo no debería sorprendernos, puesto que estamos más que habituados a leer cómo se defiende una postura un lunes y la absolutamente opuesta la mañana del martes. Resulta conmovedor el modo en que quienes ensalzaban una y otra vez el trabajo del Tata y lo comparaban con los anteriores técnicos, son ahora los que con más saña desautorizan su labor. Hemos pasado de hablar del entrenador de los mejores números a decir que a Martino el Barça le vino grande desde el primer día. Sí, desde el primer día.

Hemos leído columnas que decían que la lesión de Messi fue “una bendición” y otras que el día 9 justificaban un asado y el 12 sostenían todo lo contrario. Se han escrito artículos tildando a los críticos con el juego de “nostálgicos”, una acusación perfectamente lógica si quienes firmaban esas columnas no aludieran ahora a la táctica de la tierra quemada, de la revolución y de los cambios necesarios en intensidad y trabajo, precisamente lo que argumentaban (argumentábamos) los críticos.

Se han editado portadas hablando de fracaso de la directiva tras perder Liga y Champions League y otras, pocos años después y en el mismo medio, culpando a jugadores y técnico y exonerando a quienes mandan y han permitido, si no instigado, la degeneración de lo que fue el mejor equipo de fútbol que se ha visto.

Pensándolo bien, lo de algunos no sea una cuestión de pérdida de memoria. Quizá lo extraviado, si los hubo, fueron los escrúpulos.

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos