El Barça necesita algo más que intensidad

No hace demasiados años, los enfrentamientos entre el Barça y el Atlético de Madrid eran sinónimo de goles, de idas y venidas, de frenesí futbolístico. Hoy, la historia ha cambiado y los duelos entre rojiblancos y azulgranas se han convertido en una guerra táctica, en una batalla donde el sacrificado peón acostumbra a contar tanto como el más agresivo de los alfiles, aunque generalmente sean las reinas quienes acaben por decidirlo.

El partido de anoche fue le enésima repetición (la cuarta, para ser exactos) de un choque de estilos que se saldó con una mínima ventaja madrileña que mucha gente atribuirá al gran tanto de Diego. Sin embargo, quedarse con eso sería reducirlo todo a un análisis demasiado superficial. El Atlético se llevó a casa algo más que un importante gol en campo contrario; se llevó la sensación de tener más al alcance que nunca alcanzar las semifinales de la competición.

El equipo de Simeone tiene muy claro cómo quiere jugar. La pizarra de la semana –de toda la temporada– se traslada al césped cada partido como si de una fotocopia se tratara, como aquella calcomanía que encontrábamos de pequeños en los pastelitos que llevábamos al colegio. Es un equipo sólido, solidario y trabajador, pero sobre todo es un colectivo que sabe en todo momento qué debe hacer y que tiene un futbolista en cada línea que lidera a sus compañeros. Miranda, que no tuvo unos inicios fáciles en el Atlético, domina la defensa de un modo tan férreo como ayer coordinó la jaula en la que metieron a Leo Messi. Koke mueve al equipo con y sin balón y Diego Costa, lesionado ayer, se encarga de traducir el trabajo gregario de hombres como Gabi o Arda en goles. Su infortunio muscular hizo que el Atleti perdiera mordiente arriba, pero por contra estimuló aún más el trabajo táctico de sus compañeros. Y luego está Courtois, un tipo que con su sola presencia llena la portería gracias a su envergadura, a su agilidad y a su sentido de la colocación.

Gerardo Martino habló durante los días previos al partido de la importancia de igualar la intensidad que emplea el Atlético como clave para competir la eliminatoria. Y el Barça lo hizo. Mordió, rascó, presionó y recuperó el balón con furia en muchas ocasiones, con Alba, Iniesta y Busquets completando un magnífico partido y compensando la grisácea actuación de Xavi, la escasa aportación de Cesc y el flojo desempeño de un Messi que empezó bien y acabó diluyéndose.

Sólo cuando Diego batió a Pinto pareció despertar el Barça más reconocible, el que suma a la presión alta el movimiento rápido del balón, aquel que demolía contrarios porque jamás llegaban a tiempo de cortar el pase. Hasta entonces, el equipo trabajaba, luchaba y se batía en un duro cuerpo a cuerpo con los madrileños que parecía destinado a acabar en tablas. Y el Barcelona jamás supo jugar a hacer tablas aunque, visto lo visto, firmarlas hoy parece el mal menor.

El Barça tiene opciones para superar la eliminatoria y no faltar a su tradicional cita con la semifinales de la Champions League, pero para ello necesitará algo más que intensidad y trabajo. Necesitará juego. La falta de ritmo, la escasez de movimiento y la alineación de jugadores que pasen desapercibidos son lujos que el equipo no puede permitirse a estas alturas.

Pero si el Barça tiene una ventaja es que sabe lo que tiene que hacer el próximo miércoles: debe marcar al menos un gol. Cuenta con tremendas armas, entre ellas la presencia de Messi y una banda izquierda que ayer demostró funcionar muy bien, pero también algunos déficit que conviene subsanar, como la ubicación de Neymar sobre el terreno de juego (mejor en la izquierda, por favor), la posibilidad de hacer regresar a Iniesta a su posición natural en lugar de un Fàbregas que ayer volvió a naufragar o la alineación de un Pedro últimamente olvidado pero cuyo trabajo –y de qué manera– echa en falta Dani Alves.

Martino tiene la llave de todo y seguramente sabrá tocar la tecla adecuada, tal como ha hecho hasta hoy en todos los partidos importantes, aunque debería tener en cuenta que la intensidad, como la fe, puede servir para no perder partidos pero no basta para ganarlos. El Barça de los últimos veinte minutos de anoche debe ser el modelo a imitar porque ese es, precisamente, el que no puede reproducir el Atlético. Lo contrario, plantear una batalla de igual a igual y con las armas rojiblancas, sería jugar a la ruleta rusa confiando en que las balas de Messi, Neymar o Iniesta resuenen sólo cuando sea el equipo de Simeone quien apoye el cañón sobre su propia sien.

Foto: AP

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