Barça mutante en el ring

No hace mucho comentaba en petit comité, que el Barça tiene plantilla para jugar a una cosa y la contraria.

En las típicas discusiones de sotanillo, aparece siempre la ineludible alusión al estilo y si debe ser negociable o no. Confieso que a veces suplico una pausa en el juego en los momentos en los que el marcador es favorable y el equipo necesita bajar el ritmo, pero claro, eso es imposible, dadas las características de unos y otros centrocampistas. No son pocas las veces en que incluso el balón deambula sin rumbo cierto en un absurdo ir y venir. El pobre anda a la búsqueda de su partida de nacimiento sin que nadie le pueda dar certeza sobre sus orígenes, lo cual resulta del todo sorprendente.

En este nuevo escenario, hay quien piensa que el equipo se amolda ahora al rival, lo cual hasta hace poco, se contemplaría como una señal de debilidad, puesto que se abjura del tiqui-taca y se busca el patadón británico sin el menor pudor. Sin embargo, los resultados evidencian que hay otra lectura, y es que los equipos andan descompuestos porque no saben qué cara les presentará un Barça al que tenían bien estudiado. No saben si les alcanzará un “directo” de Suárez, un “crochet” de Neymar, o un “gancho descendente” de Messi que por más que pudiera ser previsible, resulta muchas veces imparable.

El caso es que siempre he echado en falta e incluso anhelado, que se ganaran los grandes partidos y los campeonatos sin merecerlo, y a fe mía que el Barça ha puesto rumbo a ello, merced a la versatilidad que ofrece su plantilla hoy por hoy.

Una versatilidad que permite transformar abruptamente una imagen de duro fajador en la de fino estilista, sin más que hacer un par de cambios en el centro del campo.

Ocurre, no obstante, que el papel de fino estilista ayer quedó reservado al papel secundario, probablemente por el estado físico de los “Transformers” que lo ponen en práctica. El equipo ganó igualmente, pero en un combate de alto voltaje y totalmente desquiciado, con dominio claro merengue en los primeros asaltos, la sensación de control fue mucho mayor e incluso las ocasiones claras se fueron sucediendo en los últimos “rounds”, donde el Madrid pudo caer claramente a la lona, pero una vez más quedó indemne a pesar de estar “groggy”.

Para el análisis queda el excelente estado de forma física y de ganas de competir que deja el Barça, a pesar de -o gracias a- haber disputado una eliminatoria europea a mitad de semana. Mención especial para el despliegue de Piqué, la seguridad que está dando a la portería la sobriedad de Claudio Bravo y las soluciones tan fáciles que aporta Luis Suárez en contraposición hilarante a lo que les ha costado a Messi y Neymar definir ocasiones mucho más claras.

Mientras los hay que siguen pensando en problemas para todas las soluciones, lo cierto es que en el tramo decisivo de la temporada, el Barça ofrece anclas para todas las tormentas a pesar de las dudas que pueda generar su mutación. Y eso, ver a este Barça mutante, es bueno.

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