Lo que quiero creer

A los futbolistas de clase mundial, no se les olvida jugar. Simplemente es que, acostumbrados a ganar siempre, pasan por momentos de duda, no encuentran la motivación precisa y solo la proximidad del abismo o la llegada de los grandes momentos de la temporada despiertan sus mejores instintos.

No es este Barça el que encandiló al mundo del fútbol, pero es un equipo capaz de ganar al mejor, su problema es que su discontinuidad también le puede llevar, como se ha demostrado en esta temporada, a perder contra cualquiera.

Anoche en el Bernabeu, el Barça mostró otro camino para ganar. Su fútbol no tiene velocidad de crucero, su defensa, especialmente en la banda derecha y en el eje con Mascherano, es de equipo infantil, pero dispone de dos jugadores extraordinarios, que vieron el abismo y decidieron que de momento este cuento no se ha acabado.

Más allá de las tácticas están Messi e Iniesta, no importa el orden. Uno destapó lo mejor de sí en un año especialmente complicado, una lesión en abril de 2013, una alocada pretemporada con amigos de sus amigos, otra lesión, una buena recuperación y ahora en el mejor momento se encuentra Leo de la mejor manera.

A Iniesta se le reclamaba un gran partido ante el Real Madrid. También para él ha sido un año muy difícil, con un problema familiar que ocupaba su cabeza, arrastrado en los últimos meses y que le impedía estar al gran nivel de siempre. Liberado, Andrés hasta marca goles y si eso ocurre, denota que el Barça está en la mejor disposición.

El fútbol le ha dado una segunda oportunidad al Barça. Había tirado por la borda su buen trabajo con los empates ante el Levante o las derrotas en Valladolid, Anoeta o en casa ante el Valencia, muchos habíamos dejado de creer en el gran Barça, señalado el trabajo del ‘Tata’ y dudado en el proyecto a corto plazo.

No era una percepción, sino lo que los números se insistían en mostrarlo partido a partido, sobre todo en la Liga, porque en Europa el equipo está ahí, paso a paso, ronda a ronda, ya instalado de nuevo entre los ocho mejores.

Es la segunda y la última oportunidad. Un pacto con el diablo. Llegados a finales de marzo, al Barça solo le queda reinvidicarse y volver a entrar por la puerta grande de un lugar donde nunca se debió ir. Nueve partidos de Liga, una final de Copa y cinco de Liga de Campeones, tan lejos y tan cerca.

Comprobada la fortaleza atacante del Barça –que acabó de un plumazo con el Madrid de Carletto y sus 31 partidos como invicto– ahora es imprescindible mejorar la defensa. Restañar las heridas que se generan por la banda derecha con las alegrías de Alves o la falta de costumbre defensiva de Neymar; o los errores repetidos de Javier Mascherano, que sirvió para un roto, pero ya no está ni para un descosido.

Control y más control en la media, Pedro para cerrar la banda, Bartra –ya que Mascherano ha perdido esa punta de anticipación– para tener más consistencia en la medular, Busquets para equilibrar, Xavi para ofrecerlo en pequeñas dosis, Messi e Iniesta.

No se les ha olvidado jugar, son futbolistas de clase mundial, estaban acostumbrados a ganar siempre hasta que han visto el precipicio muy cerca y han despertado a tiempo… o eso es lo quiero creer.

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