La chistera de Lucho

Desde hace unas cuantas temporadas, en can Barça los resultados no esconden la realidad, tampoco anoche en Amsterdam, después de una preocupante primera parte, una mejora en la segunda, el pase a la siguiente ronda garantizado y el enésimo récord goleador de Leo Messi.

Es el Barça un proyecto de equipo, tejido con telas exquisitas del pasado, pero con un patrón sin definir. Una orquesta con grandes solistas, pero con problemas para empastar las voces, un equipo en el que el balón ya no es el fin, sino en muchas ocasiones el medio.

En la tabla de mezclas, Luis Enrique no da con las teclas. Señala a algunos futbolistas (Piqué) pero libera a otros (Alves) con las mismas virtudes o deméritos. Desubica a Luis Suárez en la primera parte y a Rakitic en todo el partido.

Así resulta complicado y los encuentros se resuelven, o se complican, por detalles, por ese balón que porfió Bartra, por los dos goles de Messi, por la parada de Ter Stegen… En la primera parte, el Ajax ahogó al Barça con una presión adelantada y más físico, el mismo argumento que el año pasado le sirvió para ganar al equipo del Tata.

Cuando la línea de creación del equipo azulgrana contempla el juego a la distancia o simplemente observa cómo el balón viaja por vía aérea desde la defensa a la delantera, el problema ya tiene otra dimensión.

En el centro del campo, donde tiene que estar la sala de máquinas, es donde Luis Enrique no encuentra soluciones. Sergio Busquets ya no es el tipo que aguanta el invento, no está fresco mental ni físicamente. Aunque se empeñe en desmentirlo en la sala de prensa, después en el campo se descubre la realidad. Iniesta está lesionado y Rakitic, desconocido. El croata, después de su mala actuación en París, quedó señalado y no fue titular en el Bernabéu. Desde entonces, el croata no ha sido el mismo pese al prometedor inicio de temporada. En Amsterdam vimos una nueva faceta sacada de la chistera de Lucho: jugar por la derecha para hacer las coberturas a Alves. No funcionó. Rakitic es un jugador con talento, que hace mucho daño cerca del área, pero que no aporta nada en esa nueva situación.

Con ese panorama, el mejor otra vez en la media fue Xavi Hernández, que fue de los más destacados en el campo y también en la sala de prensa, porque en una entrevista en ‘El larguero‘ advirtió sobre el futuro: “El club no se puede permitir otro año sin títulos“.

Y así es. Delante Luis Suárez, por mucho que repita que en el pasado ha jugado por la banda derecha, es inofensivo a tantos metros del rectángulo del área. De hecho en cuanto jugó por el centro en la segunda mitad creó una mayor sensación de peligro.

De Neymar llama la atención su exuberancia y sus desconexiones. Anda rebosante de confianza y desborda a cualquier defensa, pero no interviene durante muchos minutos. Ese es el inconveniente. Y Messi, sin ser aquel genio extraterrestre, sigue batiendo récords. No está fino, pero iguala el récord de goles de la Champions.

A mi no me gusta este Barça. Hace sufrir demasiado, no sabe muy bien a qué atenerse y si el santo-y-seña es Mascherano, algo no funciona. Además de Xavi y de Messi, particularmente me encantó el partido de Ter Stegen. Preciso en el pase, seguro ante las llegadas del rival. Igual es el momento de darle una oportunidad  también en la Liga.

Mientras tanto, los partidos y las semanas pasan. Luis Enrique debe reflexionar sobre qué Barça quiere, mantenerse al margen de las discusiones del estilo y, si se tercia, cambiar de dibujo. ¿O es que alguien piensa que ese 4-3-3 tiene que ser eterno?

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