El Barça firma y no se acaba el mundo

Ha costado lo suyo, pero al final la junta directiva ha decidido que el Barça se adhiera al Pacte Nacional pel Dret a Decidir. Y, al menos de momento, no se ha acabado el mundo.

La relación del club con el sentimiento catalanista a lo largo de su historia es innegable, y eso hacía aún más incomprensible las dudas de los actuales responsables de la institución a la hora de hacer algo tan sencillo como dar apoyo a la plataforma. ¿Por qué ese cambio de actitud ahora?

Explica Albert Llimós en el diari Ara que uno de los motivos que han llevado a la junta directiva a firmar el PNDD es que no querían que la petición llegara a la asamblea de compromisarios de la próxima semana. Desde hace tiempo, el movimiento ManifestFCB se había movilizado para recoger firmas entre los socios del club que permitieran llevar la cuestión al orden del día de la asamblea. En el último partido disputado en el Camp Nou frente al Granada, decenas de voluntarios ataviados con camisetas amarillas solicitaban a los socios su firma para hacer que el Barça se posicionara claramente y diera apoyo al Pacto. Seguramente la movilización ha tenido algo que ver en la decisión, aunque es más que probable que ManifestFCB no lograra recabar las adhesiones necesarias. En cualquier caso, el club se asegura un punto menos de discordia en la cita con sus compromisarios del próximo fin de semana.

El Barça está inmerso en un marasmo de líos, comenzando con la imputación del club en el caso Neymar, siguiendo con la sanción de FIFA que le impide fichar –salvo resolución favorable del TAS– y acabando con la sentencia del juicio por la acción de responsabilidad social contra Joan Laporta y 16 exdirectivos, que está al caer. Eliminar de la asamblea el asunto del Pacte Nacional pel Dret a Decidir supone un cierto alivio para Bartomeu y su junta, pero pone también en el aire una duda: ¿la decisión se toma por convicción o para evitar problemas en una asamblea que, como ocurre siempre, suele transcurrir plácidamente para el poder?

Sea por una cosa o por otra, el club ha acabado con esa posición contra natura que representa dar la espalda a un proceso que está en la calle, que enlaza con su carácter catalanista y sobre el que hasta ahora había evitado pronunciarse con claridad.

Fuera de Catalunya, la situación no va a cambiar demasiado para el Barça. La gente no dejará de insultar a Piqué por ser más valiente que el club en este tema, se seguirá tachando de provocación que el equipo juegue con la camiseta de la senyera y los cánticos de “polaco el que no bote” continuarán escuchándose en no pocos campos de España.

Y todo, claro, amparándose en aquella cantinela que dice que “no se debe mezclar la política con el deporte”. Una frase concebida por alguien que debe creer que los clubes son entes abstractos que nacen y viven en un universo paralelo, blanco, limpio, puro e irreal en el que no tienen cabida otro sentimiento que la ira que se descarga contra el árbitro y el rival durante los partidos.

La decisión llenará páginas en los periódicos y minutos de radio y televisión y despertará el instinto radical de más de uno y de dos columnistas que jamás mezclan política y deporte a no ser que la mezcla les convenga. Acostumbrémonos, si no lo estamos ya, a la bilis rezumando por la comisura de los labios de aquellos que, sin escrúpulo alguno, lo mismo sirven para atizar con saña a quien piensa diferente que para acusar a una víctima de la incapacidad de quienes mandan.

Nada va a cambiar porque el Barça apoye el derecho a decidir de los catalanes. Ni se va a hundir el cielo ni tampoco caerá de él aquel maná milagroso que nos alimente a todos. El club, hoy, no ha hecho más que lo que tenía que hacer y lo que esperaban de la marca más potente del país miles de ciudadanos. Y, aunque haya sido tarde y mal, hay que felicitarse por ello.

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