Barça, Diada y ‘Dret a Decidir’

A la tradicional ofrenda floral de cada Diada del 11 de septiembre, el día de ayer trajo consigo un hecho novedoso desde el prisma del Barça. Dos futbolistas (Gerard Piqué y Xavi Hernández) no sólo acudieron a la manifestación para reclamar la consulta del 9 de noviembre, sino que no tuvieron impedimento alguno en que su presencia se hiciera pública. También el presidente Josep Maria Bartomeu formó parte de la V a título personal, que diría aquel. Todo, de hecho, no es más que un síntoma de normalidad en un país en democracia: que sus ciudadanos, sean futbolistas, albañiles, médicos o desempleados, puedan expresar libremente su opinión.

Pese a los intentos más o menos –sobre todo, más– desafortunados por desvirtuar lo que se vivió ayer en las calles de Barcelona con motivo de la Diada Nacional de Catalunya, lo cierto es que que la jornada de reivindicación del derecho a decidir fue un absoluto éxito de convocatoria. Aunque el baile de cifras entre unos y otros se ha convertido ya en un ridículo nada sorprendente siempre que la gente se echa a la calle, todo el mundo vio el modo pacífico, festivo y contundente en que se expresó gran parte del pueblo catalán.

Preguntábamos hace unos días si el Barça, como club, debería adherirse al Pacte Nacional pel Dret a Decidir. Los resultados de la encuesta –que no tiene más validez científica que la de recoger la opción de nuestros lectores– arrojaron un resultado claro: el 81% de los votos fueron favorables a que el FC Barcelona firmara el PNDD, mientras que el 19% se mostraron contrarios. Como institución, el club no se ha pronunciado y, de alguna manera, ha dado la espalda a algunas de las señas de identidad que le han acompañado desde 1899 y que tantos problemas le comportaron durante gran parte del siglo XX.

Seguramente por eso y porque en el seno de la directiva hay varias sensibilidades distintas en relación a la votación de noviembre, la junta ha decidido dar la callada por respuesta ignorando, como explicaba Francesc Domènech en estas mismas páginas, que el Barça es por naturaleza un sujeto político. El club ha sido siempre un ente vivo, implicado siempre con la sociedad y con el devenir del país, cosa que le ha reportado más dificultades que beneficios pero que, por contra, ha ayudado a cohesionar el sentimiento barcelonista y su relación con Catalunya.

Mañana, el Barça saltará al césped vistiendo la camiseta de la senyera para enfrentarse al Athletic Club en un gesto que, a quien escribe estas líneas, le resulta escaso. Lo hará, además, mientras se despliega en el lateral del estadio una gran lona conmemorativa del tricentenario de la caída de Barcelona ante las tropas borbónicas. Sí, es un gesto, pero un gesto tibio colgar una pancarta con ese lema y desaprovechar la ocasión para incidir un poco más en lo que mucha gente –partidarios y no de la independencia– reclamó ayer en la Diada: poder votar.

Mañana caerá la pancarta como cayó aquella otra (“La Masia no es toca”) no hace demasiados meses, la grada aplaudirá y en cuanto Fernández Borbalán dé inicio al partido, sólo los gritos en el minuto 17:14 nos harán recordar la fiesta ciudadana de ayer. Después, todos a casa, pancarta al almacén y frenesí de los operarios para disfrazar el Camp Nou para la noche de Champions League.

Habrá lona y camiseta con la senyera, pero no la implicación que mucha gente quiere de aquello que Vázquez Montalbán bautizó como “ejército desarmado de Catalunya”. Una firma habría tenido más trascendencia que lo que veremos –y agradeceremos– mañana, pero ya sabemos que si hay letra pequeña

Foto: FC Barcelona

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