Desplome en diferido

Nos habíamos acostumbrado a ganar. Ganar y ganar, con exhibiciones; ganar y seguir ganando con la ley del mínimo esfuerzo y al menos no perder jugando lo justo. Hasta 39 partidos, combinando exhibiciones, partidos convincentes y otros no tanto, en los que los tres de arriba con sus ciento y pico goles escondían todos los defectos, que ni veíamos ni tampoco imaginamos. El barcelonismo se había sumado al resultadismo, la ilusión por un nuevo triplete y las sensaciones que destilaba el equipo invitaban a soñar semana a semana, hasta que un día…

En realidad no sabría precisar el momento puntual en el que se produjo la desconexión. Seguramente no se produjo, posiblemente fue un proceso gradual, un desplome en diferido en el que los goles nos cegaron y seguíamos elogiando al equipo y su capacidad para economizar esfuerzos sin prestar atención a nada más, pero es que no había motivos.

Para la historia del fútbol quedará esa racha entre el 17 de octubre y el 2 de abril, 39 partidos y a uno más de igualar los 40 encuentros sin perder del Nottingham Forest, para el barcelonismo el recuerdo de lo que podía haber sido y no fue, o tal vez de lo que será un doblete o igual la celebración de un título, aunque no nos engañemos, esta vez la felicidad no será completa.

No es el momento de hablar de los viajes de Neymar a Brasil para celebrar el cumpleaños de su hermana ni de la dispersión de Piqué en los Periscope ni de las desconexiones de Messi ni de esa ausencia de savoir faire de Luis Enrique en las salas de prensa, como tampoco de esa mano de Gabi que podía echar por tierra todas y cada una de las palabras de este texto.

Simplemente, el sueño del triplete se desvaneció. Desapareció la posibilidad de hacer historia convirtiéndose en el primer equipo en reeditar el título de la Champions League y el barcelonismo se lamerá sus heridas. Tal vez desde la celebración de un doblete, aunque no será lo mismo y todos lo sabemos.

Pensaremos en qué le pasa a Messi, en los motivos de la desaparición de Neymar o en por qué Suárez ha pasado de marcar sin querer a no marcar a un metro de la portería. No tengo respuestas. Para el análisis de la temporada, pase lo que pase al final, nos queda el escaso ascendiente de los dos fichajes realizados en el equipo y la duda de qué hubiera pasado de haber contado con un cuarto delantero. Todo una pura especulación para el inexplicable desplome en diferido.

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos