Balón de oro: De méritos y deméritos

Los tres candidatos al Balón de Oro 2013. Foto: Cuatro.com
Los tres candidatos al Balón de Oro 2013. Foto: Cuatro.com

La historia de los ganadores del Balón de Oro (hoy fusionado con el Trofeo FIFA en el galardón llamado FIFA Balón de Oro) está plagada de talento, carisma futbolístico y, como no podía ser de otra forma en un premio individual para deportistas de colectivos, polémica. No importa que la decisión final se tome votando de forma democrática centenares de personas, entre periodistas especializados, entrenadores y jugadores: en el entorno del «perdedor» siempre se hablará de pucherazo, de campaña inmoral, de injusticia.

A la memoria me vienen dos casos recientes que afectaron en su momento a la Liga española: los Balones de Oro de Michael Owen (Liverpool FC) en 2001 y de Fabio Cannavaro (Juventus y Real Madrid) en 2006. En el primer caso, el madridista Raúl quedó en segundo puesto y se desataron las iras de la prensa de la capital, que llevaba años pidiendo el reconocimiento para el delantero madrileño. Tanta fue la que se montó por estos lares, que llegó a cristalizar en la mente del ciudadano de a pie la gran mentira de que el inglés no había hecho nada para merecer la pelotita dorada. El bueno de Michael «tan solo» había ganado 5 títulos ese año —FA Cup, Copa de la Liga, Community Shield, Copa de la UEFA y Supercopa de Europa—, siempre con goles decisivos.

En cuanto al segundo caso, 2006 fue año de Mundial y eso quiere decir mucho. La trascendencia —y el marketing— de la máxima cita de selecciones nacionales es tan grande que esos siete partidos veraniegos pueden pesar en el votante más que una temporada de 60 partidos en tu club. Fabio Cannavaro se llevó el Balón de Oro por ser el capitán de la selección campeona, jugando de central y sin cometer ni una falta, aunque su club fue descendido por un escandaloso caso de amaño de partidos. El mundo culé protestó mucho que aquel Balon de Oro no fuera a parar por segundo año consecutivo a Ronaldinho, campeón con el Barça de Liga y Champions League. Algunos incluso se lo hubiésemos dado a Deco, que al doblete le sumó el tercer puesto con Portugal en Alemania.

Sea como fuere, llegamos a 2013 y la polémica está de nuevo servida. Tras cuatro años de ver cómo Leo Messi fagocitaba todo premio FIFA habido y por haber —para llanto y rechinar de dientes de Cristiano Ronaldo—, este año parece todo preparado para que el luso se lleve el galardón. A la afición del Real Madrid poco le importa que las posibilidades de su delantero sean mayores debido a las lesiones del argentino, a extrañas ampliaciones de votos o a lo que sea: lo celebrarán como un triunfo, como así lo hizo la culerada en años anteriores. Por si acaso, ya se está desprestigiando desde algunos sectores de la prensa deportiva la colección de títulos del tercero en discordia, Frank Ribèry, al que los cinco títulos conseguidos puede que no le basten. En efecto, puede que este año tengamos un campeón del Balón de Oro que no haya ganado ningún título ni con su club, ni con su selección. Pero… ¿es esto posible? Y lo más importante: ¿es justo? Antes de pelearse con sus amigos los del otro equipo, recuerde que el artículo 9 del reglamento del trofeo, ese que la prensa de bufanda tiende a olvidar, estipula que los méritos a tener en cuenta incluyen los títulos individuales y colectivos, la clase y talento del jugador, el juego limpio, su carrera profesional y la personalidad y carisma que posee.

Repasando el palmarés histórico, vemos que esta situación se ha dado en solo cuatro ocasiones. El primer Balón de Oro se otorgó en 1956 al inglés Stanley Matthews, que por entonces contaba con 41 años y agotaba sus últimos tiempos en el fútbol en el modesto Blackpool FC. El segundo y el tercer clasificado, los madridistas Di Stéfano y Kopa, habían ganado la primera Copa de Europa, pero aquel pionero torneo internacional no tenía aún el tirón suficiente para decidir votos y además el primer Balón se quiso que fuera un homenaje a toda una carrera.

En 1964 se repitió el caso de un ganador individual sin premios en los colectivo: Dennis Law. El escocés militaba por entonces en un magnífico Manchester United que, sin embargo, no consiguió ningún título ese año. Luis Suárez, segundo, había ganado la Copa de Europa y la Intercontinental con el Inter de Milan, mientras que Amancio (Real Madrid), tercero, se había llevado la Liga y perdido la final de dicha Copa de Europa.

Catorce años después, de nuevo un británico se subió al podio sin que su club o su selección lo hubieran hecho en todo el año. En 1978, Kevin Keegan (Hamburgo SV) se impuso a Krankl (FC Barcelona, campeón de la Copa del Rey) y a Rensenbrink (Anderlecht, campeón de Recopa de Europa y Supercopa de Europa), en una ajustadísima votación que el austriaco perdió por 6 votos.

En 2000 se produjo el que, hasta ahora, es el último caso de galardonado sin méritos en lo colectivo: el portugués Luis Figo. El único título que ganó aquel año fue el de Mayor Traidor del Reino para la masa culé, amén del honor de convertirse en el arma electoral del flamante nuevo presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, quien se aprovechó de la ambición y avaricia del luso y de su representante. Aquel Balón de Oro, que el madridismo cuida mucho de incluir en su palmarés de trofeos individuales sin demasiados motivos, fue realmente un reconocimiento a un lustro magistral vistiendo de azulgrana, pero la anodadada y herida de muerte junta directiva de Joan Gaspart no supo o no quiso venderlo así.

¿Qué pasará en la gala de este año? ¿Le valdrán de algo los títulos a Ribèry, o la mística que tenía el «triplete» se ha ido a hacer puñetas tras ganarlo Barça, Inter y Bayern en tan solo cuatro años? ¿Ganará Messi el máximo premio individual por quinto año consecutivo a pesar de las lesiones de 2013, gracias a la Liga de los 100 puntos y su Bota de Oro europea? ¿O tendremos un quinto caso de ganador sin títulos colectivos que llevarse a la boca?

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