En el Open de Australia están acostumbrados a las sorpresas. Favoritos que caen… y desconocidos que llegan donde siempre soñaron. Es el primer Grand Slam del año y algunos de los mejores no llegan en condiciones óptimas. Tal vez sea el torneo más duro de los cuatro en cuanto a la meteorología. Y los menos favoritos y que más pretemporada tienen dan con la tecla para dar campanadas. Por eso hay un estadounidense, un británico (que no se llama Andy Murray) y un coreano en cuartos de final.

A esa ronda no han llegado ni Zverev, ni Thiem, ni Goffin, Wawrinka, ni el mismísimo Djokovic. Murray no ha podido ni disputar el torneo. Así que entre los ocho supervivientes se encuentran, Nadal, Federer y Dimitrov aparte, dos tipos consolidados como Cilic y Berdych, de muchos quilates pero pocos trofeos y tres desconocidos para el público en general. Tres tenistas de esos que echan por tierra todo tipo de apuestas.

El estadounidense Tennys Sandgren llegaba como 97º del mundo. Ningún título en su haber y ya ha dejado en la cuneta a Wawrinka y Thiem. El americano se enfrentará por un puesto en las semifinales al coreano Hyeon Chung. Es el tenista más avanzado de su país, solo cuenta con 21 añitos y se hizo con su primer título ATP la pasada temporada. Los hermanos Zverev y Djokovic iban por su parte del cuadro y a los tres los ha derrotado.  A Sandgren y Chung se les une Kyle Edmund. Joven de prometedor futuro, tampoco tiene ningún título en su bolsillo. Pero es cuestión de tiempo.

Que el Open de Australia es sinónimo de sorpresas en todos los sentidos lo confirma su palmarés. Allí ganaron, por ejemplo, Korda, Johansson y Kafelnikov (fueron los únicos ‘grandes’ que conquistaron los dos primeros). Y llegaron hasta la final otros tenistas atrevidos pero de currículums igualmente modestos (González, Schuttler, Clement o Enqvist). Ese cemento hirviendo no es coto privado de los mejores del mundo.

Otra cosa es que se cumplan los pronósticos naturales del ranking y veamos otra final Rafa vs Roger. Ya puestos, que sea uno de esos partidos en el alambre, en el que brilla el tenis y no se adivina el desenlace. Donde surge el tenis más inolvidable.